15 AÑOS DEL VIDEO EN URUGUAY

El cine en cajita

Hablando de lo imprevisible que es el futuro, Matt Groening (creador de Los Simpson) decía que a los novelistas de ciencia ficción habían imaginado un porvenir con viajes espaciales y autos voladores, pero a nadie se le había ocurrido que uno podía entrar a una tienda y elegir qué película iba a mirar en su casa, ojeando cajas vacías en un estante.

La televisión color llegó al Uruguay, con mucho retraso, en 1980. La posibilidad de ver películas grabadas en un casete con un aparato conectado al televisor, o la de poder grabar programas para verlos después, era aún algo muy remoto.

El video hogareño comenzó a popularizarse en Uruguay alrededor de 1989. Años antes habían llegado los primeros videograbadores al mercado y se habían instalado algunos videoclubes, gran parte de ellos ofreciendo material de dudosa calidad técnica (obviamente en copias ilegales).

El fin de los ochenta y el comienzo de los noventa marcó el boom del video. En principio, porque su uso no estaba tan generalizado, eran comunes las reuniones de amigos, en las que se pasaban noches enteras viendo películas. Seguramente quienes fueron adolescentes en esos años recuerdan madrugadas con The Wall, Hombre mirando al sudeste, El imperio de los sentidos y también (hay que reconocerlo) Calígula o filmes pornográficos de dudosa calidad.

Al florecimiento de los videoclubes, prácticamente uno en cada barrio, siguió luego una etapa de concentración que se agudizó en las últimas décadas del noventa con la llegada de la TV cable.

El cable trajo una variada oferta de filmes, variedad de programación en series y eventos deportivos, que incidió muy directamente sobre el video. La pereza habitual hizo que mucha gente optara por ver una mala película –pero en buenas condiciones técnicas– en el cable que salir a alquilar un video, teniendo que pensar en que se quería ver y con la posibilidad, además, de que la película estuviera alquilada.

Pero así como el video no acabó con el cine, el cable no dejó de lado al video, sino que se convirtió en otra opción.

Hoy los videoclubes tienen en general una gran variedad de títulos y muchas copias de cada uno, pese a que aún casi no hay en Montevideo videos especializados como en otras ciudades del mundo.

Pero además existe el DVD.

El DVD ingresó oficialmente al país sobre fines de 1998. Hoy se estima que hay alrededor de veinte mil equipos reproductores instalados.

El adelanto tecnológico es al video lo que representó el CD al audio.

Además posee interesantes opciones que lo hacen aun más atractivo, como la posibilidad de acceder instantáneamente a partes específicas de un filme a través de la selección de escenas y poder tener material adicional como entrevistas, escenas no editadas y filmaciones detrás de cámaras en un mismo disco.

La tremenda crisis económica que padecemos ayudó a que el video hogareño recuperara terreno. Mucha gente se ha borrado del sistema del cable por no poder afrontar la abultada cuota fija, pero alquilar un video de vez en cuando sigue siendo más accesible. También muchos han revalorizado la posibilidad de elegir lo que se quiere ver, que da el alquilar un filme.

Sería bueno, en estos momentos difíciles, retomar aquella costumbre socializante de ver una película entre muchos, ya sea en familia o entre amigos. Como en los viejos tiempos. *

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