NUEVO DISCO DE MANU CHAO

Desde algún lugar del Planeta Trampa

RAUL FORLAN LAMARQUE

 

El show que registra el nuevo compacto de Manu Chao es uno de los numerosos que brindó en su última gira de hace un par de años: formato de concierto que, en su momento, pudo paladearse en una noche para el más noble recuerdo en el Velódromo Municipal. Ese es Radio Bemba Sound System: un alive que va graduando sus escalas de intensidad hasta un desenlace vertiginoso, propio del ex líder de Mano Negra, y con una banda de apoyo arrolladora.

Junto a su banda Radio Bemba el compositor, esa especie de «viajero inmóvil» (como Rodríguez Monegal definió a Pablo Neruda en su ensayo homónimo), otorgó un concierto que fue una fiesta de euforia multitudinaria que festejó permanentemente esta actual concepción musical despojada, que arrastra como eje de influencias al reggae y sus variaciones (Bob Marley y en especial transculturización que hicieron de citado género musical los Clash), al rocanrol y a ese escenario de mestizaje sonoro, cruce de modos culturales iberoamericanos tan bien resuelto en los segmentos. Lo que en definitiva le otorgó a Manu Chao, como figura de disenso y a la vez independiente, una popularidad que ha excedido los perímetros de la tribu roquera.

Lo cierto es que este show a formato disco de 29 canciones que incluye temas principalmente de Clandestino y Próxima Estación: Esperanza  y en donde aparecen diferentes versiones de un mismo tema; un ejemplo, las excelentes «Bienvenida a Tijuana»  construyen un paisaje que tiende a ser desaforado y provocador (por los textos, los speechs. la voz del subcomandante Marcos en «EZLN», por ejemplo), vigorosamente rítmico y rico en puntuaciones melódicas, comprometido con el tiempo histórico. No podía ser menos de un animal utópico como Manu Chao. Se le podrá reprochar que se repite  como lo ha hecho algún colega  pero alguien que ha declarado con solturas que su obra está ya fundada y que los demás son variaciones de gran envergadura, exigentes y muy ejecutivas en su sonido final que escapan al culto de autoplagiarse o de refritarse sin más. Están todas las canciones-himno de este Manu Chao que para muchos, más concretamente multitudes, se ha transformado ya en una suerte de vocero o insignia hecha discurso cancionístico de más de una generación. En el disco se disemina un sentido auténticamente celebratorio y libertario en lo que viene a ser la pasión por la música y exponerla y exponerse: el correo es de ida y vuelta entre auditores y receptores, y por lo tanto, hay pachanga de la mejor. Canciones como las ya citadas y otras como «El viento», «Casa Babylon», «Mala vida», «The Monkey, «La primavera» «Por el suelo», entre otras, articulan un concierto que es toda una unidad exuberante y en donde ética y estética, más que nunca, se ligan contra los personajes del llamado Planeta Trampa. El utópico, el carismático, ese individuo perdido en el siglo ha vuelto a dar jaque mate. Un disco en vivo regocijante.

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