Una Navidad agitada
En las fiestas de Navidad se reúne una familia, y salen a relucir errores y pecados del pasado, reproches mutuos, las carencias y los logros reales e imaginarios que unos personajes enrostran a los otros. El eje lo constituyen tres hermanas (Sabine Azéma, Emmanuelle Béart, Charlotte Gainsbourg) que encarnan tres maneras distintas de encarar la vida: la mayor mantiene un affaire con un hombre casado y no sabe muy bien cuál va a ser su futuro, la del medio parece la más sensata y equilibrada, la menor asume posturas rebeldes, vagabundea en motocicleta y dice no querer saber nada acerca de los hombres. Esos personajes y otros se enfrentan a lo largo de una serie de situaciones donde no se limitan a reprochar el comportamiento ajeno, sino que también sacan a relucir una necesidad de perdonar y perdonarse. El material podría ser convencional, pero la agudeza del libreto, los toques de humor y observación satírica de que hacen gala la directora Thompson y su colibretista, hijo y actor Christopher, y el rendimiento de un elenco espléndido elevan el nivel.
Una de las habilidades del filme consiste en la forma en que el retrato de esa familia, más enloquecida que disfuncional, se va armando como un rompecabezas, paulatina pero nerviosamente, de modo tal que el espectador llega a ver antes que los protagonistas la red de engaños, breves complicidades, infidelidades, simpatías y discordancias establecidas entre los personajes. El tono pasa de la acritud a la dulzura, aspira a ser entretenido y conmovedor a la vez, y con frecuencia lo consigue.
La directora Daniéle Thompson nació en Mónaco en 1942, y ha sido libretista de numerosos filmes, incluyendo varios de su padre, el antiguo actor y especialista en comedias Gérard Oury. Luego de Besos para todos, que fue en Francia un considerable éxito comercial, realizó Decalage horaire (2002).
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