Los iconoclastas al poder
El humor negro es, en ese contexto, la vertiente expresiva que mejor ha interpretado los estados emocionales, al situarse en el punto de inflexión entre la apoteosis, la angustia y el delirio.
De Woody Allen y Robert Altman a la osadía de los hermanos Cohen, el talento ha logrado rescatar al cine americano de la frívola parafernalia del consumo masivo, para internarse en la esencialidad de la peripecia humana.
En su primer largometraje, ¿Quieres ser John Malkovich?, el joven cineasta independiente Spike Jonze asumió el reto de desafiar a la todopoderosa industria de la taquilla, para explorar desprejuiciadamente los conflictos del hombre contemporáneo.
Esta desmelenada locura nacida de la inspiración del guionista Charlie Kaufman, nos instala en un universo desmesuradamente surrealista, que propone una irreverente mirada a las obsesiones de una sociedad que vive la azarosa controversia de la pérdida de referentes éticos y culturales.
Imprimiendo al relato un ritmo de comedia de trazo absurdo, Jonze propone compartir las desventuras de un fracasado titiritero desocupado, que debe soportar una compleja convivencia con una veterinaria que le ignora, ha transformado su casa en un auténtico zoológico y hasta experimenta traumáticos problemas de identidad sexual.
Virtualmente cercado por el destino, el malogrado artista acepta un empleo como archivista en un local con techos tan bajos que casi hay que desplazarse en cuclillas. Allí, pone a prueba también su estoicismo, para padecer las manías de un anciano empresario vegetariano que se ufana de sus aventuras amorosas, el permanente acoso de una secretaria algo tonta y la fascinación de una enigmática mujer que le obsesiona.
Cuando más necesario era la evasión rumbo a la nada, el joven descubre un extraño túnel muy similar a una cloaca, a través del cual –aunque pueda parecer inverosímil y ciertamente lo es– se emprende un viaje rumbo a la mente del actor John Malkovich.
Apretando el acelerador de la fantasía sin reparar en las consecuencias, el binomio Jonze-Kaufman se lanza a la iconoclasta aventura de demoler puntualmente todos los convencionalismos posibles.
La obra bucea sin prejuicios en la condición humana, a partir de la aguda crisis de identidad que constituye la impronta del hombre posmoderno.
Ensayando un fino humor que se desliza hasta las fronteras del sarcasmo, el inquieto director propone lecturas en torno a la fama, la soledad, el temor, el fracaso, las obsesiones sexuales, la codicia y hasta la tragedia de la juventud perdida.
El cineasta se mofa de los mitos de Hollywood, al presentar a un John Malkovich inseguro y temeroso, cuestiona a la sociedad que margina el talento y explora la sexualidad de una mujer insatisfecha.
El personaje de titiritero comporta toda una alegoría, en la medida que, contrariamente a lo que sucede con el actor, es dueño de su mundo, sus personajes y sus historias. En cambio, la estrella, presa de su fama y esclava de la industria, es apenas un títere en el tinglado del complaciente universo del pasatiempo.
Son muy convincentes las actuaciones protagónicas de John Cusack (otro talento devaluado por la megaindustria), Catherine Keener y Cameron Díaz. La participación de John Malkovich es, naturalmente, regocijante.
¿Quieres ser John Malkovich? es, sin dudas, una experiencia diferente, que convoca al espectador a reflexionar en torno a su ubicación física y social en un valle de lágrimas poblado de insatisfechos, la alienación colectiva y la crisis de valores e identidades culturales.
Compartí tu opinión con toda la comunidad