Cien años de Mihai Eminescu
La exótica naturaleza rodeó su infancia haciéndole olvidar la pobreza material, enriqueciendo su sensibilidad, haciendo que con apenas 14 años empezara a traducir sus sentimientos, volcándolos en epístolas, poesías, y artículos periodísticos.
Anticipándose al futuro escribió: «¿Por qué mi pluma reposa, en la tinta, me preguntas?/ ¿Por qué el ritmo no me tienta sustrayéndome al trabajo?/ ¿Por qué duermen comprimidos entre folios amarillos/ troquios, vivaces, dáctilos, y los yambos ascendentes?/ Si supieras el problema de esta vida con que lucho,/ tengo vocablos, verías, para destrozar la pluma./ Me pregunto: ¿a qué intentar en nuestra leal contienda/ modelar en una nueva forma la lengua, sabia y antigua?/ Ese oculto sentimiento que yace dormido en tu arpa/ bajo coplas de teatro venderás cual mercancía,/ al buscar ansiosamente la forma que te convenga./ ¿Vas a escribir, cual te piden, alguna historia en el agua?/ Mas tú me responderás que es muy justo en este mundo/ mediante versos hermosos inmortalizar mi nombre,/ conquistar la complacencia de los hombres importantes,/ mis poemas dedicar a las damas, por ejemplo,/ y el disgusto de mi alma conciliarlo con mi mente./ Buen amigo, ese sendero ha sido hollado hace mucho,/ tenemos en nuestro siglo tan tipo extraño de bardos;/ quienes tratan con poemas devenir dispensadores/ dedicándolos a damas y a poderosos señores,/ en los cafés son cantados y hacen ruido en los salones./ Mas siendo duros y angostos los caminos de la vida,/ intentan atravesarlos escudados tras las faldas,/ ofreciéndolos a las señoras sus folletos, ellos piensan/ que algún día sus maridos, ya ministros, les franqueen/ las puertas de una carrera./ ¿Por qué no escribir por gloria y para adquirir renombre?/ ¿O acaso sea la gloria predicar en el desierto?/ Hoy que todos los mortales son presas de sus pasiones/ es gloria el engreimiento que un millar de presuntuosos/ a sus ídolos dedica llamando grande a un pigmeo/ que es una pompa de espuma en un siglo insignificante.»
Con una sensibilidad que da sólo la cultura, supo registrar en la historia del mundo la preocupación por una educación de pobres y ricos.
Respondiendo al ofrecimiento de cargo de la enseñanza dice: «Tengo el honor de responder que acepto con mucho gusto, el cargo de Inspector Escolar, de los departamentos de Iasi y Vaslul, no porque de este modo pudiera añadir algo a mi bienestar material… pues lo que se añade no es considerable, frente a los gastos que tendría para el camino. Mi punto de vista es que se entra en contacto con la población rural, la única que me interesa más que nada. Creo que sería capaz de darles relaciones fieles, sobre estado y vida, así como sobre los límites dentro de los cuales sería imposible entender y profundizar la enseñanza primaria… La educacion del pueblo significa en su conciencia, uno de los fundamentos del progreso nacional».
Como todo intelectual, que antepone sus principios a los intereses personales, donde el vil metal no tiene cabida, le hicieron ganar muchos enemigos, y con una visión clara hacia el futuro, escribió: «Nuestro campesino de hoy, para no extinguirse, debe ser reemplazado por otro tipo de campesino, su hijo debe ser otro tipo de hombre; debe éste, con los mismos medios, producir más, y todo esto se debe aprender en la escuela. Si la instrucción es general, podemos esperar que el campesino del futuro, sabrá ver sus intereses mejor que el de hoy».
Como inspector de enseñanza escolar su carrera duró poco, mas bien sólo un año, ya que las injusticias no eran aceptadas por alguien que aprendió a vivir por y para los demás.
Escribiéndole a su amiga Verónica Micle dice: «Quedado sin una posición material asegurada, y llevando el golpe moral como una incurable herida, estaré obligado a emprender mis peregrinaciones sin fin ni ideal. Creame, estimada Señora, desde hoy soy un hombre perdido para la sociedad, hay sólo una felicidad que haría renacer mi vida: ojalá sí pudiera ocultar la injusticia. No quiero que la posteridad se entere que he padecido hambre a causa de mis hermanos. Soy demasiado orgulloso en mi pobreza. Los he desdeñado, y este gesto es demasiado para un alma que no se bajó a la basura de los tiempos que vivimos…».
Como periodista del diario «Timpul» estampa sus ideas para la posteridad, «El pueblo Rumano, ha demostrado que vive, que desea vivir, y que cuenta en sí, con la fuerza de donde emana la vida… Tarde o temprano, de la muerte de los hijos de la Patria habrá de emanar la luz. Un cuerpo sano no puede llevar partes enfermas; un pueblo robusto no puede aguantar mucho tiempo la pudredumbre social».
Acompañando este artículo, y para mantener la misma linea, escribió las estrofas de Emperador y Proletario: «En bancos de madera de sombría taberna/ donde el día penetra por los sucios cristales/ junto a las largas mesas malhumorada estaba,/ y con seños oscuros, una herrabunda banda,/ hijos pobres y escépticos de proletaria plebe.// ¡Ah! ¿decís –habla uno– que el hombre es una luz/ en este mundo amargo y lleno de dolores?/ ninguna chispa en él es cándida o es plena,/ y mugriento es su rayo como el globo de barro/ encima del cual reina el hombre plenamente.// Decid ¿qué es la justicia? Los fuertes se tapiaron/ con grandeza y haberes en círculo de leyes/ por bienes que robaron siempre ves que conspiran/ contra los cuales ellos al trabajo condenan/ y al trabajo subyugan por una vida interna//…. La virtud para ellos no existe. Sin embargo/ virtud ellos predican, pues necesitan brazos/ que empujen poderosas las cosas del estado/ y hay que luchar también en sanguinarias guerras,/ pues con la sangre vuestra se hacen ellos más grandes// Mentiras y palabras el estado sostiene,/ no es el orden normal el que ellos dicen que es;/ sus haberes defiende, sus bienes, su grandeza/ ellos arman tu brazo para que en ti golpees/ y a ustedes contra ustedes a la lucha os empujan// …. ¿Y entonces preguntáis qué os queda a vosotros?/ trabajo con el cual se embriagan en placeres/ la esclavitud por vida, llanto sobre un mendrugo/ muchachas deshonradas, la miseria, vergüenza./ ¡Vosotros dolor, nada; ellos: el cielo, todo!».
Marcado por su tierna infancia, donde la naturaleza supo diseñar un carácter de un prócer de la poesía mundial, escribió el poema El extranjero: «Mientras todos se alegran, mientras todos se encantan/ mientras del placer gozan, de días sin quebrantos/ sólo un alma solloza su nostalgia lo lleva/ hacia los dulces cerros a los alegres campos.»
Extranjero toda su vida, ya que nació en un momento histórico complejo, en una sociedad injusta, ya que ni la injusticia tenía nombre, por lo diversa e innumerable; supo sembrar amor aun a sus adversarios.
Gran devorador de libros, e inmenso defensor de la enseñanza, aun así tuvo que reconocer, que la verdadera forma de aprender es vivir intensamente.
«En vano en polvo de aulas,/ en libros apolillados,/ buscas huellas de lo hermoso/ y el impulso de la vida,/ o entre sus gastadas hojas,/ los misterios que se guardan./ Y con signos tortuosos/ el mundo quieras cambiar./ No en libros aprenderás/ de la vida su dolor./ Mas bien vive y atorméntate/ y por las cosas padece/ y oirás la hierba que crece.»
El 2 de febrero de 1889, el poeta es internado en el hospital y transferido luego al sanatorio del Dr. Sutu. El 15 de junio, toda la nación rumana tiene el alma enlutada, el 17 de junio a las 17 horas, el poeta es sepultado en el cementerio Belu.
Mihai Eminescu, realidad y mito del pueblo rumano, nombre que se ha identificado para siempre con la espiritualidad y la conciencia de la nación, ha entrado en la inmortalidad de los genios de la creación universal, llegando a ser conocido en 64 idiomas del mund
o.
Mihai Eminescu perdurará como diría más tarde el escritor M. Sadovianu «mientras suene en el mundo la dulce lengua rumana».
Y si
Y si las ramas golpean
y si los álamos tiemblan,
es porque dentro te guardo
y dulcemente te acercas.
Y si los astros se miran
reflejándose en el lago,
lo hacen porque mi dolor
se calma dentro de mí.
Y si las nubes se borran
para que brille la luna,
es para que yo me acuerde
constantemente de ti.
Atardecer en la colina
El cuerno quejoso suena en la colina,
suben los rebaños, brillan las estrellas,
las aguas responden, gimiendo en las fuentes;
bajo las acacias, querida, me esperas.
La luna atraviesa clara y santa el cielo,
tus ojos contemplan el raro follaje,
las estrellas humedas nacen en lo alto,
tu estás de ansias llena y de amor tu seno.
Las nubes resbalan, sus rayos se estrían,
levantan las casas sus techos vetustos,
la roldana al viento chirria en el pozo,
el valle es de humo, las flautas murmuran.
Hombres fatigados, la hoz sobre el hombro,
vuelven de los campos; la toaca** resuena,
la campana llena con su voz la noche,
y mi alma se quema de amor en tu fuego.
¡Ah!, pronto en el valle el pueblo se duerme,
¡ah!, pronto mis pasos hacia ti me llevan.
Cerca de la acacia pasaré la noche
e incansablemente te diré: te quiero.
Las cabezas juntas, una contra otra,
bajo la alta acacia nos adormiremos
¿Quién la vida entera no la entregaria
por una tan bella, tan dichosa noche?
* Traducciones de María Teresa León y Rafael Alberti.
**Toaca es un trozo de madera o metal que se golpea para llamar a la oración.
Compartí tu opinión con toda la comunidad