Señales de identidad
El dúo musical integrado por Eduardo Larbanois y Mario Carrero cumplió 25 años de actividad este 2002. Lo celebraron con un ciclo de recitales en la Sala Zitarrosa donde dejaron gente afuera y aprovecharon para grabar un disco en vivo. Ahora vuelven con el mismo espectáculo a un lugar más íntimo, El Espacio Guambia, donde estarán los dos próximos viernes de agosto.
En la casa de Mario Carrero mientras se espera que llegue Larbanois, la conversación pasa de los distintas yuyos que pueden acompañar un mate para hacerlo más digestivo a las propiedades afrodisíacas de la carqueja.
–¿Cómo se conocieron?
Eduardo Larbanois: -Nos conocimos en un festival en Paysandú en el año 1973. Mario había ganado como solista representando a Montevideo. Yo fui a tocar con un dúo que habíamos formado en Tacuarembó llamado Los Eduardos. esa noche yo tenía que viajar a Montevideo porque iba a grabar en el disco Las quemas de Darnauchans y volvimos juntos conversando todo el viaje. Después no nos vimos más. Recién nos reencontramos en el 76. Los dos éramos solistas. Yo trabajaba en la Asociación de Bancarios, en la biblioteca y dando clases de música.
Se empezaron a hacer algunos espectáculos musicales en la Asociación, como te imaginarás en plena dictadura, no entraba casi nadie al local y los recitales fueron una manera de juntar a la gente. Creo que la Asociación de Bancarios tuvo un papel muy importante en el nacimiento del movimiento del Canto Popular. La reactivación de las murgas por ejemplo se dio allí. En esos espectáculos participábamos con Mario como solistas, pero muchas veces nos acompañábamos el uno al otro. Allí nos fue gustando cómo quedaban nuestras canciones y casi sin darnos cuenta se formó el dúo. De ahí que el dúo nunca tuvo un nombre, siempre nos presentamos con nuestros apellidos.
–Los dúos han tenido siempre una gran presencia en la música uruguaya…
Mario Carrero: -Sí, incluso no hay muchos antecedentes en América Latina. En Argentina, que siempre fue una referencia en lo folclórico, siempre hubo solistas, grupos o cuartetos vocales. En Brasil hay algunos en la música sertaneja. El dúo es una conformación muy uruguaya , con un referente ineludible como son Los Olimareños, por lo menos para la generación nuestra.
–Los Olimareños han sido tan importantes que todo dúo que surgió después, es obligatoriamente comparado con ellos…
MC: -El dúo nuestro, desde el arranque, siempre pretendió marcar su perfil propio, no por diferenciarnos de Los Olimareños sino para sonar a nosotros mismos.
EL: -Cuando uno asume este oficio en toda su dimensión, si lo hacés porque es una necesidad expresarte a través del arte, inevitablemente vas a mostrar tu personalidad. Es muy gratificante cuando vemos gente que canta como nosotros, pero mucho más gratificante es ver gente que canta nuestras cosas de otra manera. Quiere decir que tu obra sirvió para que el otro sintiera una necesidad de expresar algo diferente.
-Su música de alguna manera atravesó la división que hubo en algún momento entre música rural y música urbana
MC: -El propio nacimiento del movimiento de Canto Popular, en un momento tan crítico del país, con tanta censura y tanta represión, llevó a que gente de muy distintas versiones trabajara junta.
Por ejemplo renacieron las murgas, que estaban conformadas por músicos y gente del teatro. Surgieron «Los que iban cantando», un grupo de gente con una formación académica muy sólida, que pusieron sobre la mesa un montón de herramientas valiosísimas. Estaba Dino, de una generación anterior, con su mezcla de milonga y rock. Y se daba mucho armar espectáculos totalmente atípicos. Nosotros participamos por ejemplo, en uno que éramos nosotros dos, con Jorge Di Polito, Luis Trochón y Jorge Da Silveira, parte de «Los que iban cantando». Yo no considero que nuestra música sea rural y tampoco completamente urbana.
–Han ido incorporando el tango, que es una música completamente urbana…
MC: -Siempre estuvo, quizás no en forma tan concreta como ahora. Desde los primeros discos nosotros grabamos tangos como «Vieja viola» o «Farolito de papel» e hicimos muchas canciones con elementos tangueros.
EL: -Es que el tango está metido en nuestra vida cotidiana. Lo descubrimos cuando crecemos. El tango te espera y en algún momento de tu vida llega. Es una forma de vida, que tal vez tenga que ver con la raíz inmigrante.
Ese elemento nostálgico y de añoranza del tango viene del desarraigo de los inmigrantes.
MC: -Es que no tenemos como errarle a la añoranza. Está Artigas, nuestro héroe máximo, que muere en el exilio. Tenemos al gaucho, que nace de una mezcla de españoles, indios y negros. Y después nos formaron de alguna manera las olas de inmigrantes españoles e italianos que huían de la guerra y del hambre. Si no sale un tango de ahí, no se donde va a salir.
–Desde los inicios han recorrido todo el país cantando, ¿hay más de un Uruguay?
EL: -No queda un rincón del país donde no hayamos estado. Más allá de los estragos que han hecho la globalización y los medios de comunicación en lo que tiene que ver con la identidad, no es lo mismo Rocha que Tacuarembó, ni Rivera que Artigas. Si vos juntás un grupo de gente ya se forma una identidad inmediatamente. Imaginate para un artista que vive de la palpitación cotidiana de su pueblo lo que es el exilio. Nos ha tocado a veces de estar dos meses de gira fuera del país y al volver, nos encontramos con un montón de dichos nuevos que se generaron por situaciones que no vivimos y no sabemos de que se está hablando. Imaginate lo tremendo que debe ser para un artista estar quince años fuera de su país.
Otra cosa es que el propio paisaje generar señas de identidad diferenciadas. Laucha Prieto, un antropólogo que ha hecho un trabajo muy importante de recopilación e investigación de estos temas, dice que la música se mimetiza de tal manera con el paisaje que una milonga de Isla Patrulla es diferente a una de la zona de la Laguna Merín a unos pocos kilómetros de distancia. Por eso, a veces, cuando nos dicen que somos un país sin identidad me parece una apreciación muy ligera.
MC: -Yo me acuerdo que iba en tren para Florida, cuando escuché por primera vez la canción «De cojinillo» de los Olimareños. Me acuerdo que enseguida me dio una gran curiosidad por saber de esos personajes, por conocer esos parajes. Los personajes del pueblo eran vistos por algún poeta, algún cantor y su descripción volvía a la gente. Hoy la metrópoli que maneja política, económica y militarmente el mundo al globalizar todo, ha hecho que te pierdas lo que pasa en la esquina.
EL: -A mí me tocó una vez ir a un lugar del Interior a tomar examen de música y el administrador de la escuela me pidió que sacara el termo y el mate del escritorio porque quedaba «feo». Yo me negué, ¿que pretendía? que pusiera una botella de Coca Cola, una taza de té. Como decía Mario Delgado Aparaín, el mate tendría que estar en el escudo nacional. Es terrible que despreciemos una parte tan importante de nuestra identidad.
–¿No les parece que la globalización también ha generado una resistencia, un intento de aferrarse a nuestras señas de identidad?
EL: -Llega un momento en el que la gente necesita poner la mano en el barro y buscar quiénes somos realmente. Uno necesita saber quién es.
MC: -En algún momento de la vida necesitás saber quién sos y dónde están tus raíces.
EL: -La reivindicación que hay
hoy del indígena, la necesidad de conocer acerca de esa historia tan oscura, tan ocultada por el oficialismo culpable del genocidio, que hay hoy. Cuántos años pasaron y sin embargo se ve que a la larga o a la corta esa necesidad asoma.
MC: -El tema es que somos un país con cuatro o cinco generaciones atrás. Si nos ponemos a escarbar la historia a fondo salpica a muchos prohombres de ahora.
–¿No notan que en este momento de crisis tan grande, la gente tiene un gran interés por la música uruguaya?
MC: -Es que creo que en los momentos más duros es cuando más se necesita identificarse con algo. Hay una vuelta, como hubo durante la dictadura cuando se inició el Movimiento de Canto Popular, a la necesidad de estrechar filas.
EL: -Las manifestaciones culturales siempre son las que sintetizan el sentir de la gente. Muchas veces los artistas incluso ven los problemas mucho antes de que se manifiesten. La sensibilidad a flor de piel te va llevando a comunicar las cosas y terminás siendo el vocero de muchos sin proponértelo. En estos momentos de crisis, la gente necesita sentirse representada y sentir que es alguien, que tiene un lugar en el mundo.
MC: -Uruguay siempre tuvo una tradición muy rica, de que el arte estuviera vinculado a la problemática del pueblo. No estoy hablando de panfletos, sino que es imposible que un artista pase por su época sin sentirse tocado por los problemas de la gente. Por eso me alegra tanto cuando escucho a bandas como «La vela puerca» o «No te va a gustar», que con distintas propuestas siguen manteniendo un compromiso con su medio. *
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