UNA GALERIA RODANTE DE 300 KILOMETROS ENTRE LA HABANA Y VARADERO

La expedición del color

Los gnomos inderrotables y traviesos de Fabelo, las aves y flores de Fuster, las lagartijas y el jigüe de Fonseca, el caballo grande de Jalil, el rara avis de Oraá, las mujeres y las máscaras de Zaida Del Rio, las calaveras de Peña, los rostros de Choco, las osamentas de Zarza y las zancadas de Bejarano salieron de paseo de la mano de Expósito, en una galería rodante de personajes que fueron cobrando vida en las calles y rutas, en fábulas de poetas y sueños de la gente; como un caleidoscopio de relieves diferentes y sorpresivos, flechazos de la imaginación blanco de ironía corrosiva.

El arte que un día estuvo en las carreteras volvió a éstas. Pero antes, un año atrás, recorrió las plazas de la vieja Habana, cuando Expósito decidió sacar definitivamente del estrecho espacio de una galería sus obras con un proyecto menos ambicioso pero no menos imaginativo: un grupo de pequeños carritos cuyas paredes eran obras suyas y que él tiraba de una carriola con motor, seguido de niños y curiosos.

Ahora el proyecto consistía en convocar a reconocidos artistas cubanos, para pintar un grupo de automóviles y así crear la más extensa galería de Arte del país, 300 kilómetros en la ruta Habana-Varadero, fuera de su territorio cerrado, rodando por ahí, a la búsqueda de sus públicos.

El proceso de decoración de los autos conjugó la alegría colectiva con el acto creativo y fue una verdadera fiesta para la atención de curiosos que se acercaban hasta el Centro Provincial de Arte, de las calles Luz y Oficios en La Habana Vieja.

Los artistas amados y queridos por su pueblo estaban ahí para conjugar luz y color, para conocer y ser reconocidos, para convertir la imaginación en exhibición y la creatividad en difusión. Matanzas primero, más tarde Varadero y finalmente Pinar del Río, luego de dos meses circulando por la ciudad, fueron los destinos de aquel mágico y misterioso tour. Centenares de personas acudieron a ver la caravana. Se cumplía así el propósito esencial: ganar públicos, promover el hecho artístico, sacar el arte de las galerías para buscar nuevos prosélitos.

«Yo que siempre he dibujado y pintado con todo tipo de soportes, desde la piel hasta los huesos, en papeles o en latas viejas, con esta alternativa rodante se visualizan espacios insospechados», comentó a LA REPUBLICA, Roberto Fabelo (Camagüey, 1950).

Su obra ha participado en la subasta de arte latinoamericano de Sothebys y forma parte de museos del mundo como el de Arte Moderno de México y el de Arte Contemporáneo de Ginebra, pero cuando fue convocado para esta experiencia: «No dudé un instante, me pareció una idea muy buena la posibilidad de extender el arte a todos los espacios posibles y hacerlo propiedad de muchísima gente», nos dijo entusiasmado Fabelo.

Ya se anuncian nuevas ediciones de la galería rodante. «Siempre hay ideas, siempre hay proyectos, lo que cuesta es materializarlos y Expósito lo logró. Quien sabe que ramificaciones, que perversas conspiraciones aparecerán por ahí, en esta expedición a lo bello, a lo bueno, lo enaltecedor que pueda haber en cualquier espacio, en cualquier objeto, en cualquier ámbito» concluyó Fabelo.

Vaya sacando pasaje para la próxima expedición, en el 2003 nos esperan, el popular camello habanero y un tren que unirá La Habana-Santiago, en estaciones plenas de luz y color. *

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