El naufragio, de María Condenanza, en la Asociación Cristiana

Realidad insuficiente

Para María Condenanza, la autora de El naufragio, el teatro es algo serio. Por una vez aparece en escena un policía torturador (Washington Sassi) y sus palabras suenan muy auténticas. Es como si la autora hubiera roto un velo y hubieran entrado a la sala de la Asociación Cristiana de Jóvenes un gran resplandor y una ráfaga de realidad. Respiramos hondo, pero los antecedentes de esa escena debilitaron su efecto.

Escrito por: Jorge Arias

Miércoles 19 de abril de 2000 | 12:00
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La historia, una extorsión, es trivial; la relación del ejecutivo y su secretaria es convencional. Condenanza no ama a los managers, pero las escenas de El naufragio no tiene, ni cerca, la virulencia demoledora de Gerardo Romano, que los odia, en Sexo, droga y rock’n roll de Eric Boghosian.

El drama de los adolescentes de los barrios pobres, esos “pájaros malheridos alentando en la intemperie” que menciona la autora no se ve, porque hay en El naufragio más peripecia que drama, más anécdota que ideas. Parecería que la autora quiso dejar hablar a la realidad: pero la forma, que al fin es todo, la da el autor, aunque no quiera hacerlo.

La obra está interpretada con entusiasmo por el infatiglable Washington Sassi, Fernando Rodríguez, Ignacio Duarte, Pablo Soler y Susana Mayer.

El naufragio de María Condenanza, por Teatro para Todos. Con Susana Mayer, Ignacio Duarte, Fernando Rodríguez, Pablo Soler y Washington Sassi. Iluminación y ambientación de Cristina Gallipoli, vestuario de Cristina Cruzado, selección musical y sonido de Jorge Bonelli, dirección de Mary Vázquez. En Teatro de la Asociación Cristiana de Jóvenes.

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