Terribles ojos verdes
Este cuento largo del narrador uruguayo Mario Delgado Aparaín, que fue galardonado con el prestigioso premio Rulfo 2001, rescata la mejor literatura costumbrista del autor de la elogiada novela «No robarás las botas de los muertos».
El relato se construye en torno a las peripecias de un solitario y desventurado hombre, bautizado irónicamente por la pluma del escritor como Sanpedro, que llega extenuado a una comisaría de tierra adentro para denunciar una agresión.
El diálogo entre el denunciante y el desenfadado detective Sherwood Cañahueca es el disparador de una historia de amor, angustia y desencanto.
El personaje un depresivo alcohólico consuetudinario que perdió todos sus bienes por una de las tantas crisis que han azotado y aún azotan a esta comarca confiesa al investigador todas sus angustias y contratiempos.
De su boca emerge un relato insólito pero no menos verosímil, que no es, ni más ni menos, que un romance frustrado con un patético epílogo.
En menos de cincuenta páginas y recurriendo a escasos personajes, el autor se las ingenia para construir universos vivenciales de singular intensidad.
Como en obras precedentes, el pueblo Mosquito es nuevamente un espacio físico que atesora múltiples emociones individuales, secretos y desenfrenadas pasiones.
La pluma del autor releva minuciosamente los tormentosos territorios de la condición humana, descubriendo el enigma que se oculta detrás de esos pérfidos pero cautivantes ojos verdes de la hermosa enfermera.
Mario Delgado Aparaín recurre a su indudable talento para narrar historias, imprimiendo a su escritura un trazo deliberadamente jocoso, que mixtura exitosamente el drama y el humor.
El aludido Sanpedro es realmente un desgraciado a quien la vida le ha jugado una mala pasada. Arruinado económicamente y traicionado, ensaya su propia catarsis ante un impasible detective, que admite que no se propone investigar nada.
Todos los personajes representan arquetipos humanos de rasgos bien definidos, que se mueven en un universo existencial muy peculiar y actúan en función de sus propias reglas y códigos afectivos.
Como en obras precedentes, en el relato, la novela y naturalmente en el cuento, Mario Delgado Aparaín demuestra una vez más su indudable oficio para narrar historias entrañables.
Dueño de una escritura rigurosa y a la vez imaginativa, este autor uruguayo que vive su momento de máxima madurez creativa, posee una fuerza estética de singular intensidad.
Su discurso literario salvo en el caso de «No robarás las botas de los muertos», que es una novela histórica que él mismo define como su obra más lograda es de un autor de lenguaje masivo.
El autor asume su creación como un compromiso de comunicación, en la medida que sus personajes son casi siempre muy cotidianos e integrados a un paisaje humano que recoge arraigadas tradiciones.
Mario Delgado Aparaín es hoy, como poco autores compatriotas, depositario de un estilo que refleja la identidad de nuestro Uruguay.
Sin embargo, su habitualmente fuerte acento testimonial no soslaya el humor, que en su obra casi siempre asume un rasgo deliberadamente jocoso. *
(Editorial Alfaguara)
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