Canciones buscadas
WILMAR UMPIERREZ
Ismael Serrano es hijo de Vallecas, ese increíble barrio obrero madrileño que siempre ha sido una cuna de fermento artístico. Con 28 años, Serrano dejó de ser una simple figura promisoria tildada de «progre», para convertirse en alguien con peso propio dentro del rico e histórico panorama de cantautores ibéricos.
En el equipaje de este estudiante de Física se encuentra su guitarra y unos textos que lo siguen mostrando como alguien preocupado por la sociedad en la que vive y La Traición de Wendy, su último disco, no hace otra cosa que reafirmar ese camino.
Con la modestia propia de sus antepasados musicales, Ismael Serrano atendió a LA REPUBLICA desde los 40 grados de temperatura que hacen hervir a Madrid por estos días. Aquellos antepasados, los Luis Eduardo Aute, los Silvio Rodríguez, los José Antonio Labordeta, los Luis Pastor, incluso Joaquín Sabina, siguen siendo el soporte para la carrera de este artista que tiene un par de elementos diferenciales: su particular timbre de voz, muy cercano al Serrat de algunos años atrás y unos textos que lo siguen clasificando como un hombre sensible y permeable a los diferentes cataclismos emocionales que nos mueven como seres humanos.
Ya ha pasado mucho tiempo desde aquel 1994 que lo encontrara en los circuitos de bares madrileños, empuñando su guitarra y vestido con un traje conformado por textos de ilustres como Neruda, Vallejo, Benedetti, Blas de Otero o Luis García Montero. Hoy ya es un artista maduro, dispuesto a dar pelea en un mercado idiotizante, donde hacer pensar es casi una utopía.
-¿Como nació tu relación con la guitarra?
-Surgió cuando era adolescente y escuchaba los discos de mi viejo, discos de Luis Eduardo Aute, de Serrat, de Sabina, de Silvio Rodríguez. Descubrí que me expresaba mejor cantando que hablando. Sobre todo creo que hay determinadas declaraciones de amor que surgen mejor a través de la música y, además, la guitarra sirve de compañía. Hay cosas en la música que te hacen huir de la soledad.
-Se nota cierta calidez de la voz, que es casi tu identificación.
-Esas cosas surgen en forma natural, casi como una necesidad íntima y supongo que esa calidez tiene que ver con la tradición de los cantautores, esa cercanía, hablar de las cosas próximas y atender las pequeñas cosas cotidianas. No sólo hablo de mis vivencias, hablo de las vivencias de otros y las acerco a mí.
-¿Cómo te mueves en un país con una muy fuerte cultura del cantautor, donde hay tantas deudas que saldar con gente como Ibáñez, Aute, Serrat y tantos otros?
-Yo creo que es de bien nacidos ser agradecidos. En ese sentido yo estoy muy agradecido con toda esa generación en la que tengo mis referencias más inmediatas. Siempre le presté más atención a esa música que atendía a la voz, a la palabra y sobretodo a la poesía. Música que atendía al contenido y que va más allá de la superficialidad que muchas veces impera en esto de la música. En ese sentido yo reconozco una gran deuda con todos ellos y además, ese compromiso con la realidad, que siempre lleva implícito un compromiso social. Todo eso forma parte de la tradición de la cual yo soy deudor.
-¿Cómo te sientes dentro del actual panorama musical español, tan preocupado por las listas y Eurovisión y donde la calidad no siempre es tenida en cuenta?
-Bueno, pues creo que dentro de ese montón de música superficial, de ese empeño por prevalecer de esas músicas, yo creo que hay una gran parte del público, sobre todo los más jóvenes, que demanda otra sensibilidad musical. En ese sentido creo que hay un espacio para la resistencia y para hacer otro tipo de música. Jamás hice ninguna concesión artística y jamás lo haré. Siempre he hecho la música que he querido. Además, yo no sé hacer otra cosa. Yo no creo en esos artistas que pegan un pelotazo y ya está. Yo no soy un cantante de hits, a mí me gusta la evolución lenta y serena. A mí me gustaría envejecer como los músicos de jazz, con esa calma, con esa sabiduría.
-Ustedes, los cantautores, son un poco responsables de que las utopías sigan existiendo, más allá del canibalismo estético que estamos viviendo por estos días.
-Yo creo que todavía siguen siendo posibles y me parece que es fundamental para el ser humano seguir con esa búsqueda y es deber del músico comprometerse con esas utopías. La canción de autor viene de los juglares y ya ellos, en la Edad Media, hacían una crónica social y sentimental del mundo en el que vivían. Era gente muy observadora, casi con un compromiso periodístico con esa realidad. Y me parece que siguiendo la tradición de los juglares, los cantautores somos cronistas y si observamos el mundo en que estamos, tenemos que darnos cuenta que la justicia, la riqueza y la felicidad están muy mal repartidas. En ese sentido uno se indigna y se emociona con ciertas luchas. Las canciones surgen de la emoción. Canto sobre lo que me emociona y no sólo me emociona mis propias vivencias, también me sacudo con la de otros y no puedo impedir emocionarme con las noticias de un diario.
-¿Cómo ve un recolector de realidades como tú la actualidad española?
-Pues vivimos en tiempos muy duros, tiempos de recesión, no sólo en lo económico, ya que hemos entrado en una recesión respecto a los derechos humanos. Y qué decir de la política económica, donde se le está pasando el rodillo de la globalización neoliberal por encima de todo, uniformando las mentes. Menos mal que hay mucha gente que no se ha creído el cuento de que la historia ha terminado y que las utopías de las que hablábamos hoy no han muerto y que las cosas todavía se pueden mejorar. Debemos tener claro de que existen otras alternativas. Fijate que en estos días se han reunido aquí los líderes occidentales y muchos han salido a la calle para recordarles de que otro mundo es posible. No todo pasa por las multinacionales y las grandes empresas.
-¿Qué visión tienes de lo que ocurre en Latinoamérica?
-Lo contemplo con mucha tristeza. Yo no puedo creer que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen. El caso de Argentina es terrible pero es un poco lo que está pasando en todo el continente. Creo que ustedes se merecen otros gobiernos y otra forma de encarar la política y es una pena que el gobierno de España este priorizando los intereses de las empresas españolas antes que los intereses de los pueblos. En ese sentido le reprocho al gobierno de mi país una gran falta de memoria histórica, porque ustedes nos acogieron de una forma muy diferente cuando los españoles emigraron hacia allí. En ese sentido creo que hacen falta muestras de solidaridad y no creerse que el FMI tiene las reglas mágicas para la solución de los problemas. Hay que tener en cuenta otras cosas y no tanto los índices económicos. La política tiene que ser algo más participativo, debe escuchar más a la gente.
-¿El nombre de tu último disco (La traición de Wendy) tiene algo que ver con la novia de Peter Pan?
-Mira, en mi caso siempre trato de concebir un título que recoja un hilo argumental, algo que sea común a todas las canciones. Me di cuenta de que en el disco hablaba de mi miedo a crecer y de ciertas utopías que hay que salvar. No es que yo anhele el síndrome de Peter Pan, el quedarse anclado en el tiempo. Ocurre que nos han dicho que crecer significa abandonar los sueños, las utopías y los ideales. En el final de Peter Pan me encontré con esa imagen de renuncia a los sueños en el personaje de Wendy. Cuando Peter Pan la va a buscar por última vez, se encuentra con una mujer
adulta, una mujer que ha crecido y que le confiesa que jamás volverá con él porque se ha olvidado de volar. Ahí por primera vez Peter Pan experimenta el miedo y yo comparto ese miedo. Miedo de que crecer nos transforme en tipos grises, aburridos, conformistas, conservadores y que se traicionan a sí mismos.
-La producción del disco denota una sonoridad algo diferente a los anteriores.
-Creo que es un paso más en una búsqueda personal y una evolución musical que me lleva a nutrirme de otras fuentes y buscar otros referentes. Sigue estando claro mi referente de cantautor, sigo atendiendo a la voz y a la palabra. Pero aparte de eso uno va incorporando esa mirada global que apuesta por un mestizaje, por traer músicas de otras latitudes, como pueden ser el norte de Africa, Brasil, el blues y el jazz. Hay que buscar un crecimiento que no desvirtúe lo que quiero decir, que es lo más importante.
-Hay canciones como «Fue terrible aquel año», donde se traza un friso sobre la realidad mundial. Hablas del peligroso avance de las derechas, de debacles financieras, de la vacuna contra el sida y también hablas del amor. ¿Qué lugar puede ocupar el amor en ese contexto?
-Precisamente lo que debiera hacer el amor es abrirnos los ojos y darnos cuenta de que uno no se puede conformar con la realidad en la que vive. Debemos querer superarnos y pasa que cuando uno escucha en la radio tantas canciones de amor tan estúpidas, que sólo hablan de amores irreales, pues uno se subleva ya que el amor es una cosa más profunda. Sin olvidar sus complejidades.
-¿Qué otros músicos te interesan?
-Los referentes son los cantautores de siempre. Pero yo he crecido escuchando otras cosas del pop español, como Manolo García, «El Ultimo de la Fila», Gustavo Auserón o Enrique Bunbury. Gente que no ha perdido esa curiosidad por la investigación. *
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