La canción es la misma
Protagonizada por Tommy Lee Jones y Will Simith el filme es más de lo mismo con efectos especiales de alta factura.
Los personajes son los mismos: Will Smith, ahora todo un experto y eficiente agente que controla a los alienígenas, y Tommy Lee Jones, cuyo personaje vuelve a ingresar a escena con todo su carisma después de una «desneuralización», (colocarle nuevamente todos sus recuerdos como agente encubierto), para luchar contra los males de este mundo. En este caso un alien que se humaniza en el cuerpo escultural de Lara Flynn Boyle (aquella ex chica Lynch de la inolvidable serie Picos Gemelos o Twin Peaks) en busca de una fuente de luz a resguardo en algún rincón de la Tierra para controlar el mundo.
Otra vez la lucha entre el bien y el mal con happy end al pie de los créditos, el estilo entre comedia light y cine de matiné con suculentos efectos visuales (en especial en la elaboración de las diversas criaturas alienígenas) y un tonito desenfadado y deliberadamente ganchero con fondo funkie o rock en la ambientación sonora.
No hay mucho más en Hombres de Negro II. Se banca en su desarrollo pero nunca hay sorpresas. Es demasiado digestiva y previsible, aunque para los más pequeños el filme operará a las maravillas.
Y a diferencia de Episodio II: El Ataque de los clones, por ejemplo, los efectos visuales, si bien solventísimos, ya no deslumbran en su composición.
Todo lo creativo y genuinamente deslumbrante que ha sido Industrial Light Magic para sostener con sus efectos visuales y sonoros una trama elemental dirigida por George Lucas, no lo expone pues Hombres de Negro. La trama es también elemental, escrita sin mayores esfuerzos y rigores (aunque haya alguna secuencia de alta solvencia, en particular por la química existente entre Simth y Lee Jones) y los efectos se suman a una chatura narrativa que permite señalar, una vez más, el lugar común de que segunda partes nunca fueron buenas.
Pero allí están los men in black con correcta interpretación, un plus interpretativo para Tony Shalboub (como Zed, el jefe de la dupla) y aun para Jerry Knoxville encerrado en un personaje –un alien– de dos cabezas, que tal vez es el mayor logro de este filme harto menor. *
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