BY THE WAY, EL NUEVO DISCO DE LOS RED HOT CHILI PEPPERS

Calientes, pero no tan picantes

Mientras hacían de todos los tópicos imaginables del rock su modus vivendi, el mestizaje sonoro se convirtió en su bandera. Con casi cuarenta años de edad, sus integrantes, más místicos y unidos que nunca, salen a la cancha con este By The Way, su octavo y tranquilo trabajo discográfico, producido por el gurú Rick Rubin. Siguen siendo parte del paisaje californiano, al igual que las playas, las palmeras, las 4×4, los Lakers y las rubias bronceadas, pero se las arreglan para estar mas allá de los clichés. No más brutality, parece ser la consigna. ¿Madurez o comodidad?, cada cual lo escuchará a su manera. Hagamos el repaso histórico de rigor: Flea, bajista de la banda e ícono del instrumento recuerda en la revista Mojo que «nuestra historia empezó en el patio de un liceo en Los Angeles, más o menos cuando teníamos 15 años. Conocí a Anthony (Kiedis, voz del grupo) y me dio un poco de miedo porque tenía un aspecto muy raro, con pelo rapado, cuando todo el mundo usaba pelo largo. La segunda vez que nos vimos fue en la clase para sacar la licencia de conducir. Nos expulsaron por rayar los bancos».

Después de tanto tiempo, de varios discos, de algunas muertes, varias adiciones, expulsiones y otras joyitas, esos antiguos amigos de la secundaria vuelven con una muestra más del elemento que los mantiene juntos y con vida, la música. Parece además, que la madurez, ese gran generador de catarsis, ha hecho que estos cuarentones hayan dejado atrás la fiereza de su rock anfetamínico –con discos esenciales como el bisoño Mother´s Milk o el genial Blood Sugar Sex Magic, suerte de piedra filosofal– para amasar con sabiduría las más elementales leyes del pop, con esas melodías que rozan la elegancia. Es decir, este By The Way es la lógica continuación de Californication, ese disco plagado de hits y que vendiera más de 15 millones en todo el mundo, cuando nadie daba una moneda por la banda, menos después de One Hot Minute, el disco grabado por el hipertóxico Dave Navarro en las guitarras, y que resultara todo un fiasco.

Los fans de toda la vida no encontrarán, entonces, las acostumbradas raciones de rap y funky acelerado. Quizá Can’t Stop recuerde a algo de los sonidos más clásicos de la banda.

Lo que sí encontrarán es la saludable tendencia a estructurar la música a partir de la guitarra de John Frusciante, el verdadero soporte sonoro de la banda y la verdad indica que cuando el violero bajó a la Tierra, los mejores discos de la banda afloraron como mágicamente. De la mano del productor Rick Rubin, han dado a luz un disco que sorprenderá por lo melódico y jugado a los medios tiempos, como las canciones Californication o Scar Tissue. Este By The Way, cuya portada es una pintura del cineasta Julian Schnabel que viene a ser como la versión abstracta de la portada del Mother’s Milk.

«No se si la palabra es tranquilo», dice Frusciante en Mojo, «Creo que es un disco muy intenso, me parece que se puede demostrar más intensidad con canciones más relajadas que con una guitarra a todo volumen. Me parece que estamos en un lugar nuevo y lo abrazamos para seguir creciendo», reconoce.

Lo que sí quedará muy claro con una sola escucha del disco, es que existe una notable tarea de producción, la que logra la perfección a pesar de haber abandonado la crudeza animal que les caracterizaba, dejando lugar a un prolijo trabajo de armonías vocales y sintetizadores. Y para ahondar la sorpresa, hay canciones como Universally Speaking que parecen tener toda la herencia negra del sello Motown Records. Otro elemento que queda muy evidente, es que la palabra «love» se repite mucho a lo largo de la extensión del disco y eso quizá sugiera algo. Al respecto, el bajista –que acaba de fundar una escuela de música llamada Silverlake Conservatory of Music– dijo a la revista británica que »es una palabra que me gusta mucho, la tengo tatuada en los dedos. Yo siempre hablo del coraje que hay que tener para saber amar, hay que admitir que uno siempre tiene miedo a amar».

Sin duda que todo es materia discutible y algunos de los más viejos y fieles seguidores de la banda quizá no encuentren el norte tras poner este CD en la compactera, pero corresponde darle a esta banda –una de las más significativas de la industria– la posibilidad de defenderlo. Tienen con qué. *

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