GUERRA DE LAS GALAXIAS, EL ATAQUE DE LOS CLONES

La historia vuelve a repetirse

Algo de eso ya se ha producido, por cierto, habida cuenta que una semana antes de su estreno el filme había vendido miles de entradas anticipadas en los Estados Unidos. Pero no todo son rosas ya que, al parecer, esta última entrega corre el riesgo de agrandar el nivel de frustración que había ocasionado la exhibición de Episodio: La amenaza fantasma en 1999.

A pesar del notorio apoyo que el largometraje ha recogido de parte de la prensa estadounidense («La película más espectacular de la serie de La guerra de las Galaxias«, dice el Chicago Tribune mientras que Time Maganize asegura «dos horas estimulantes de auténtica diversión»), la realidad de la propuesta podría defraudar, nuevamente, las expectativas generadas ante tales panegíricos periodísticos.

Esas dos horas «estimulantes y divertidas», a juicio de quien suscribe, podrían considerarse, en realidad, como morosas y aburridas hasta el bostezo. Pretendiendo imprimir un trascendentalismo épico (que, salvo alguna anécdota puntual, descuida el humor de las primeras entregas), este Ataque de los clones se hace tan fatigoso como El señor de los anillos.

Poco hay de esa chispa inicial que abría un inabarcable universo de aventuras y fantasía. Aquí bien podría decirse que lo que se reitera hasta el infinito son, más o menos, las mismas anécdotas, un par de frases de corte altisonante y los habituales enfrentamientos de los Caballeros Jedi con las fuerzas del Mal.

Pero donde George Lucas comete su peor tropezón es por el lado de los tiempos narrativos que imprime a esta continuación de continuaciones. Con unos sesenta minutos de diálogos casi prescindibles en la parte «introductoria» de la película, el verdadero gancho descansa en efectos especiales de la Industrial Light & Magic que tampoco agregan mucha cosa a lo ya visto en anteriores oportunidades.

Para decirlo en forma clara, este Episodio II impresiona como bastante estático, con planos y contraplanos de televisión que registran aburridos coloquios.

Por su parte, las secuencias de acción dejan una especie de «deja vu» en el espectador. Para los fanáticos quizás todo esto importe poco y nada. Alcanzará, tal vez, con que sigan reconociendo, en clave de coleccionistas filatélicos, las idas y venidas de Obi Wan, Yoda o Skywalker, entre otros.

Mientras tanto, también podrá apreciarse el sutil homenaje que se le hace a Christopher Lee, el malvado Conde Dooku (rememorando al Conde Drácula que interpretó el actor en las producciones de Hammer Films), como ya se había hecho con Peter Cushing, el Gran Moff Tarkin de la propuesta inaugural. En fin, queda poco para que termine el ciclo. Habrá que esperar. *

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