LIBROS

HUGO ACEVEDO

 

El fin de la discusión

* En «El fin de la discusión», el escritor Carlos Maggi propone un ensayo pretendidamente pedagógico, que aspira a laudar definitivamente el debate en torno a cuál sería el nuevo modelo de izquierda. En el prólogo de su obra, Maggi –cuya estatura intelectual reconocemos más allá de la discrepancia– propone un conjunto de reflexiones que es imposible compartir.

El autor nos sorprende inicialmente al afirmar que «entre 1973 y 1985 no pude votar a la izquierda porque no hubo elecciones; a partir del 90, no hubo izquierda». Esta sentencia, que obviamente peca de contradictoria, parece sugerir que nuestras fuerzas progresistas deberían recuperar su matriz revolucionaria de antaño para cosechar el apoyo electoral del ensayista.

Luego, Maggi nos colma de desconcierto cuando compara al derrocado presidente socialista chileno, Salvador Allende, con el renunciante mandatario argentino, Fernando de la Rúa, alegando que ambos –a quienes reconoce como «buenas personas»– llegaron al gobierno con el apoyo de frentes populares.

El parangón no resiste el análisis: mientras Allende fue un revolucionario que aspiraba a modificar radicalmente las estructuras de distribución de la riqueza, el hoy sepultado político argentino fue protagonista de un fraude histórico, porque violó todas sus promesas electorales y perpetuó el modelo neoliberal hambreador y entreguista inaugurado por su predecesor Carlos Saúl Menem.

Luego, el escritor completa el análisis regional con un encendido elogio al modelo económico chileno parido por la dictadura pinochetista y continuado por quienes luego le sucedieron mediante el mandato de las urnas.

Quizás Maggi ignora que en el país trasandino también hay pobreza y exclusión e incluso, lo que es más grave –al igual que en nuestro Uruguay– la impunidad de los delitos de lesa humanidad sigue siendo un ominoso estigma.

Fiel a su bien diseñada estrategia, el autor cruza luego imaginariamente el gran océano rumbo a Europa, para, desde allí, intentar darnos lecciones de historia contemporánea como si los uruguayos fuéramos una manada de ignorantes.

En la primera «lección», apelando más a voces ajenas que a su propia voz, comienza a construir su tesis sobre lo que considera la verdadera izquierda posmoderna. El primer ejemplo citado es la italiana coalición de El Olivo, una formación socialdemócrata que llegó al gobierno con el apoyo de sectores reciclados que en el pasado fueron irreconciliables.

Este experimento político fue barrido luego por la derecha del todopoderoso Silvio Berlusconi, lo que corrobora que –más allá de sus buenas intenciones– no parece haber colmado las expectativas del electorado peninsular.

Sin dudas, el pecado de esa «izquierda» liderada por Romano Prodi fue excederse en maquillaje y perder su identidad ideológica.

En la segunda «lección», Carlos Maggi analiza el caso concreto de Inglaterra y la resurrección del laborismo bajo el liderazgo de Tony Blair. A través de numerosos discursos del primer ministro y otros de sus voceros más cercanos, el autor pretende explicarnos los fundamentos de la denominada «Tercera vía».

Luego, el ensayista «viaja» a Francia, donde pone bajo su lupa al hoy ex primer ministro socialista Lionel Jospin, pretendiendo convencernos de las bondades del cambio mental del histórico líder de la izquierda gala.

Dos acontecimientos recientes demuestran que la «nueva izquierda» francesa no seduce: la humillante derrota de Jospin a manos del cavernícola Le Pen en las elecciones presidenciales y el reciente fracaso del Partido Socialista en los comicios legislativos. Resulta sugestivo que el 40% del electorado francés haya preferido disfrutar de las soleadas playas antes de acudir a las urnas.

La conclusión, que ciertamente da por tierra con los nuevos modelos ideológicos de Maggi, es que la mimetización entre la derecha y la izquierda es tal que al electorado galo ya poco le interesa la política.

En sus dos últimas «lecciones», el autor se ocupa de Alemania y la rediviva pero reciclada socialdemocracia y de las reformas de la milenaria China, donde, a su juicio, conviven el comunismo con el capitalismo.

El catecismo neoliberal del autor no contempla –insólitamente– las radicales diferencias entre la experiencia histórica europea y nuestra realidad. No resulta verosímil comparar a un continente desarrollado, unido por un sólido pacto económico y hasta un signo monetario común, con una América Latina balcanizada, económicamente saqueada y socavada por la corrupción.

Carlos Maggi denosta a las fuerzas progresistas uruguayas como si fueran responsables del paisaje de desastre que hoy nos agravia. Quizás debiera identificar a los verdaderos autores del engendro que ha sumido a vastos sectores de la población en la miseria, la marginación y la desesperanza.

A diferencia de lo que sucede en Europa, en este pequeño país –rehén de la recurrente rivalidad entre dos gigantes– el costo de la crisis sólo lo pagan los que trabajan. Sin embargo, cuando crece la economía, persisten las desigualdades sociales por los injustos criterios distributivos.

Como se podrá advertir, la discusión que Maggi entiende ya finiquitada pretendiendo retrotraernos a la prehistoria de las ideas y los tiempos oscurantistas de soliloquio monárquico, recién está comenzando. *

(Ediciones de la Plaza)

 

Fábulas materialistas

En esta entrega, el formidable cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa, cuya prematura desaparición física edificó una leyenda que conserva toda su perdurabilidad, demuestra su indudable compromiso con los valores humanistas que en vida adornaron su personalidad.

Para el autor, los textos reproducidos en este volumen que llega a los lectores, operan como un vehículo primordial de expresión de los que constituyó la matriz de su rica personalidad: los sentimientos.

En el prólogo de este libro, el escritor Mario Delgado Aparaín afirma que para Zitarrosa, las fábulas eran una forma de «ironizar con aguda irreverencia sobre determinadas posturas culturosas y hasta cientificistas de la sociedad burguesa, utilitarias y pacatas».

La lectura de estos fragmentos escritos durante el año 1988, comparten un gratificante reencuentro con un creador mayor de nuestra cultura, que supo plasmar en sus textos y en su canto la intensidad emocional de alguien cuya estatura excedió a la mera escena artística.

Este libro, seguramente desconocido para muchos admiradores del Zitarrosa cantante, constituye –sin dudas– un removedor tributo a la vida misma. Su escritura, precisa por su sintaxis y pasional por su contenido, es un testimonio de fina sensibilidad.

Estas «Fábulas materialistas» soslayan toda eventual banalidad, en la medida que el autor asume la emergencia de internarse en los más recónditos territorios del alma humana y allí descubrir la verdadera esencia del ser y el sentir.

Con esta obra, Alfredo Zitarrosa demuestra que, de habérselo propuesto, pudo haber sido uno de los más importantes exponentes de la literatura nacional. *

(Ediciones de la Banda Oriental)

 

Manos baldías

La escritora uruguaya Raquel Barreiro acepta el desafío de expresar sus sentimientos a través de la cada vez más infrecuente voz de la poesía, un género literario olvidado o deliberadamente ignorado en tiempos de aguda frivolidad.

La pluma de la autora se estaciona en los territorios de la azarosa peripecia humana, describiendo sus agudos y recurrentes contrastes. La escritura de Barreiro transpira emoción, en la medida que se va comprometiendo con la realidad.

Según el escritor Ricardo Prieto, «las manos bald

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