El dolor de Bucay
En ese marco Bucay estuvo en los estudios de 1410 AM LIBRE, para contarle a la conductora de «Primera Voz», Sonia Breccia, los pormenores relativos al lanzamiento de su último libro en nuestro país, así como intercambiar con la periodista sus reconocidas opiniones sobre diversas
–¿Te está yendo fenomenalmente bien?
–Con las licencias de todo lo bien que le puede ir a un argentino que vive en Buenos Aires. Con esas licencias. Schoppenhauer decía: «Es imposible ser feliz cuando tu hermano sufre». Y es imposible. Entonces yo, que vengo aquí a hablar sobre la felicidad, mi felicidad se ensombrece cuando veo lo que le pasa a mis hermanos, y me duele el alma. Me duele la Argentina, aquí, al costado.
–¿Por qué le pasa esto a tus hermanos?
–Hemos cometido muchos errores. Nos hemos hecho los distraídos. Hemos nadado en el mar de la soberbia durante años. Hemos despreciado y menospreciado los peligros, pensando que nada de esto nos podía pasar porque Dios era argentino y Gardel también, porque qué sé yo qué. Y bueno, algunos que tenían intereses y que veían la Argentina rica, ordeñaron la vaca hasta secarla.
–¿Cómo es posible torturar, desaparecer, hacer los vuelos de la muerte, vaciar, llevar a 25 millones de personas bajo la línea de pobreza? ¿Cómo se explica emocional y sicológicamente, hacer estas cosas? Me estaba acordando de Eichman en Jerusalén y la banalidad del mal. ¿Esto es la banalidad del mal?
–Ojalá que no. Sería terrible pensarlo desde ese lugar. A mí me parece que el mundo tiene dos grandes desafíos y hay lugares en los que esos desafíos se van a hacer más patentes y evidentes. Creo que la humanidad va a tener que ocuparse, por un lado, de la tendencia al aislamiento de los seres humanos en general, y por otro lado, de la crisis de valores que significa la humanidad. Estas cosas tienen que ver con una crisis moral, y cuanto más expandida sea la crisis moral, cuanto más se globalice la inmoralidad, más graves serán las consecuencias de estas generalizaciones.
–Durante el período menemista, hubo en la Argentina un desmantelamiento del Estado, como hubo en otros países. El proceso de privatizaciones estuvo acompañado de una corrupción que enriqueció a pocos y que defraudó a la mayoría. Entre otras cosas, los viejos, los jubilados, los más frágiles, los más pobres, se encontraron en una cuneta de la cual no pueden salir. ¿Dónde está ahora el Estado protector? La mano dura de la cual se habla, ¿a qué nos lleva?
–La mano dura, y la violencia que engendra violencia, son obvias. Y que hace falta una redimensión de las cosas en relación al Estado es obvio también. Esta búsqueda del Estado protector también conduce a algunos desvíos, si uno pierde el camino. Quiero decir, desde cualquiera de los dos lugares podemos llegar a un lugar indeseable. ¿Qué más lindo que el amor? Te amo, te amo, te amo, quiero estar con vos todo el tiempo por lo tanto que te amo, ahora te invito a mi casa y te agasajo, y ahora te cierro la puerta, cierro la puerta con llave, te pongo cadenas, te ato a mi cama, porque mucho te amo… ¡Bueno, pará! Este amor es un amor patológico. Por cualquier lugar nos puede un desvío, si es que de verdad uno no está atento.
Habrá que asumir esta responsabilidad. La responsabilidad de ser el contralor de nuestros Estados, de nuestros gobiernos, el contralor de todo lo que se hace en nuestro nombre. *
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