EL PEQUEÑO LADRON

En provincia y sin trabajo

La película ha sido definida como un drama del desempleo, la rebeldía y la vida en provincia.

El joven director Zonca, quien ya explorara un ambiente de clase trabajadora y desempleada en La vida soñada, retorna a una temática similar: otra vez un ambiente de provincia, otra vez un protagonista (esta vez masculino, en el filme anterior se trataba de mujeres) en conflicto con patrones indiferentes, otra vez la actitud rebelde que marca la diferencia entre tener un trabajo insatisfactorio y no tenerlo.

El protagonista, asistente de un panadero (Nicolas Duvauchelle), se niega a seguir siendo parte del sistema, no quiere ser explotado, y provoca una escena para ser despedido.

Deja de ser un explotado para convertirse en un explotador, consiguiendo dinero donde sea, abandonando el pueblo para trasladarse a una población extraña, insertándose en un medio en el cual al principio se sentirá ajeno aunque irá integrándose progresivamente, a medida que pasa a formar parte de una banda y a perpetrar sus primeros robos. El antiguo asistente de panadero se ha convertido, finalmente, en el pequeño ladrón del título, una pieza menor en la maquinaria de la mafia marsellesa.

Este cuadro acerca de una zona de la sociedad contemporánea que exige una cuota de atención por parte del espectador fue realizado originalmente para la televisión francesa, para ser emitido por el canal Arte como parte de una serie sobre problemas del mundo actual. Sin embargo, el interés que despertó y el elogio crítico empujaron a sus responsables a ensayar un lanzamiento cinematográfico, que incluyó una exitosa recorrida por festivales en Francia, Singapur y Japón y hasta un premio mayor en Biarritz

Eric Zonca, nació en Orleans en 1956 y a los quince años decidió convertirse en realizador cinematográfico. Un año más tarde, descubrió en París al cine norteamericano, se inscribió para un curso de actuación inspirado en los métodos de Lee Strasberg, y viajó a Nueva York, donde se casó con una bailarina de la compañía Merce Cunningham, estudió en el Hernbert Bergoff Studio y se interesó por las películas europeas en una sala de cine de Bleecker Street.

Tras tres años en los Estados Unidos, donde vivió de pequeños trabajos, volvió a París, estudió filosofía y continuó desempeñando pequeños papeles en teatro.

A los treinta años entró en el cine en labores secundarias, trabajó en documentales de televisión, y en 1992 realizó su primer cortometraje, Rives, al que siguieron Eternelles y Seules, que obtuvieron premios en diversos festivales.

Saltó al largo con La vida soñada, un drama sentimental con elementos sociales acerca de la amistad entre dos muchachas de clase trabajadora, sus complicados amores y sus disímiles reacciones ante una sociedad hostil. Allí insinuó inquietudes sociales y cierto vigor dramático que reitera en El pequeño ladrón. *

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