CINEMATECA EXHIBE TODOS LOS FILMES DE S.M. EISENSTEIN

El cine de Su Majestad

Sergéi Mijáilovich Eisenstein o SM, Su Majestad, como lo llamó alguien, jugando con las iniciales de su nombre, fue para algunos observadores un hombre del Renacimiento trasplantado al siglo XX. Desde muy joven, en una familia judía culta, a los quince años, se dedicó a la literatura, el teatro, los espectáculos, el circo, el dibujo, el álgebra y la pintura. Por entonces, ya hablaba alemán, francés e inglés además del ruso. Pero luego, en la Universidad de San Petersburgo, se dedica a la arquitectura, se apasiona con el Renacimiento italiano y la Comedia dell´Arte.

En ese momento, ya ingeniero y arquitecto, al estallar la guerra civil se enrola en el Ejército Rojo (y su padre en el Blanco). Al triunfo de la Revolución Soviética su necesidad de conocimientos lo impulsa a explorar el kabuki japonés y los ideogramas chinos, se inscribe en la carrera de Lenguas Orientales, y por su cuenta aprende latín y griego.

Esas ansias vitales tropiezan en 1923 (a los veinticinco años) con la fundación del Proletkult, un teatro de vanguardia, y un año después, como director para el Proletkult tropieza con el cine, filmando unos pocos minutos para una puesta en escena propia. Desde ese momento, el cine pasa a ser la vida y la pasión de Eisenstein. Los historiadores coinciden en que sus aportes teóricos y su propia obra contribuyeron fundamentalmente al arte cinematográfico, y su propia personalidad suele ser vista como la de uno de los mayores creadores del siglo. Esa carrera cinematográfica tuvo permanentes tropiezos con las autoridades, con el realismo socialista, con los burócratas del Partido, con prohibiciones varias, con grandes inconvenientes cuando salió a Suiza y luego a Estados Unidos en 1930, donde su obra norteamericana es secuestrada por los productores, con filmes que fueron censurados por muchos años en su patria, y su exclusión de toda actividad pública, hasta terminar con su muerte prematura a los 48 años, en Moscú, donde sólo se le permitía enseñar en la Escuela de Cine. La obra cinematográfica de Eisenstein es impresionante. Descubre y pone en práctica los principios dinámicos del montaje fílmico (dialéctico, intelectual, según sus definiciones), la idea de que cada imagen genera en nuevo concepto con la suma de las imágenes siguientes. En el cine mudo, desde 1924, realiza varias de las obras maestras del cine: La huelga, El acorazado Potemkin, Octubre y La línea general, esta última cuestionada en la Unión Soviética de entonces como formalista. Esos filmes transformaron el lenguaje cinematográfico y fueron a la vez un reflejo de su momento histórico.

Luego, en Estados Unidos, dejará sin compaginar por disidencias con los productores, su impresionante ¡Que viva México!, que su asistente y colaborador Grigori Aleksandrov concluiría 48 años después, en 1979, luego de recuperar los rollos de negativo que había rescatado la Cinemateca del Museo de Arte Moderno de New York.

Su película de 1935, Los prados de Bezhin, prohibida y destruida por Stalin, fue restaurada 41 años después, a partir de los fotogramas que Aleksandrov y Tissé recortaron de los negativos originales antes de que fueran destruidos por la censura. La segunda parte de Iván el Terrible (concebida como un tríptico y prohibida su tercera parte en 1943), La conspiración de los Boyardos sólo se pudo exhibir en 1957, cuando Stalin ya había muerto, pero también Eisenstein. Y se comprobó que de la versión definitiva de Alejandro Nevsky (1939) nunca se conoció un rollo, omitido en la proyección a Stalin. Estos tres últimos filmes, en los que Eisenstein experimenta con el sonido (en complementación con Prokofiev) y el color, fueron también tres visiones épicas e históricas, que contrabandeaban una visión crítica de Stalin y el autoritarismo.

Con el tiempo estos filmes han pasado a formar parte del patrimonio artístico de la humanidad. Y, además de esas obras, el ciclo incluye el apasionante estudio que en 1954 realizó Jay Leyda (Eisenstein’s Mexican Study Film, I y II) sobre los sucesivos rodajes de cada toma para ¡Que viva México!, las compaginaciones aproximativas que sobre ese filme realizaron antes que Aleksandrov, Marie Seaton (Tiempo en el sol), Don Hayes y Howard Alices (Tormenta sobre México) y hasta cortos de Sol Lesser para publicidad de PanAm, en particular La cruz conquistadora.

Un análisis crítico pormenorizado sobre esta obra se puede encontrar en el boletín mensual de Cinemateca de junio, donde está también el cronograma de exhibiciones de los filmes, a exhibir en versiones originales y completas con subtitulaje electrónico. Las copias forman parte del Archivo Fílmico de Cinemateca Uruguaya. *

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