En busca del puerto
La Intendencia declaró de interés municipal este estudio, orientado a rescatar parte importante de la historia de la ciudad.
Los trabajos se desarrollan en la plazuela Manuel Herrera y Obes, ubicada en la calle Treinta y Tres, entre la rambla 25 de Agosto de 1825 y Piedras. La investigación forma parte de un proyecto denominado «Puerto Chico», en el que trabaja un equipo de 10 a 20 personas, entre docentes y alumnos, dirigidos por el doctor Antonio Lezama.
Los investigadores realizarán en una primera etapa operaciones de relevamiento, con varias excavaciones de dos metros cuadrados. Una vez realizado el diagnóstico se analizarán las posibilidades de avanzar en la recuperación y preservación arqueológica.
En el área ocupada por la plaza y las construcciones linderas, la urbanización respetó la geomorfología costera, superponiéndose exactamente a una pequeña ensenada que durante la época colonial fue conocida como Puerto Chico o «el Boquete». Este puerto, por tener fondo de arena, permitía que se arrimaran a tierra las embarcaciones de cabotaje, para el ascenso y descenso de personas y mercancías. El «Puerto Chico» fue muy probablemente utilizado por los pescadores, ya que a la actual calle Treinta y Tres -entonces San Joaquín- se la conocía como «calle de los Pescadores».
En la costa sur de la ensenada se encontraba la manzana 5 del fraccionamiento hecho por Pedro Millán, que incluía la propiedad de Pedro Gronardo, que estaba establecido en la zona desde antes de la fundación de Montevideo. Gronardo era práctico del Río de la Plata y tuvo en el lugar una pulpería que realizaba un importante comercio. A la muerte de Gronardo, ocurrida en 1727, las instalaciones fueron adquiridas por la corona, que asentó allí el primer Ayuntamiento.
En el área también se levantaba la casilla para el resguardo de los capitanes del puerto, derrumbada durante las hostilidades de 1814. Estas referencias ofrecen una idea de la potencial riqueza arqueológica de la zona. El proyecto apunta a localizar algunas de las obras arquitectónicas más características del período colonial, construidas a fines del siglo XVIII, como los escalones y la calzada de piedra que permitían el ascenso y descenso de cargas y mercaderías en el puerto, así como vestigios vinculados al desarrollo de las primeras actividades comerciales y económicas registradas en Montevideo.
Durante el desarrollo de trabajos de colocación de caños, realizados el año pasado, se realizaron observaciones que aportaron importantes datos sobre la presencia de muros y calzadas. Estos vestigios, así como la posibilidad de aprovechar el desarrollo de la investigación para tareas de docencia y extensión universitaria, impulsaron este proyecto. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad