Regreso de Smashing Pumpkins

Cuando se refiere a los Smashing Pumpkins y a su líder y guía Billy Corgan, pues, se está designando a una de las bandas más atractivas, más trascendentes y más inteligentes de la historia de la cultura rock.

Ya Corgan y los suyos poseen un sitio en el cielo por su virtuosismo y su versatilidad, su destreza interpretativa, si es que ese cielo no está emparedado o lisa y llanamente es aburrido, quién sabe. Lo cierto es que son la medida de la grandeza. Después del rabej de decibles y los refinamientos varios del excepcional Adore, los Pumpkins vuelven a la carga con reingresos en su formación (la del baterista Jimmy Chamberlain) y asimismo cambios como la convocatoria de la bajista Melissa Auf Der Maur (ex Hole) en reemplazo de D’Arcy.

El compacto se denomina Machina-The Machine Of God y posee una potencialidad rasante. Las composiciones de Corgan son estupendas y posee textos, si bien de tónica desencantada, de gran factura poética. Y basta como botón de muestra: «No estoy muerto, es sólo que estoy viviendo dentro de mi cabeza».

Gran faena del guitarrista James Iha para crear atmósferas sofocantes que, de algún modo, viene a ser la espina dorsal de la voz entre dolida y furiosa de ese Corgan siempre atractivo y por momentos hasta genial.

El disco suena compacto y a la vez intenso, sabroso en su arreglística y también en su fase poética. Estos son tiempos difíciles y complejos parece sugerir Billy Corgan, y vaya si lo son

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