Puñales sin punta
Si la dirección de «Los grandes líos de Chioggia» no alcanzaba a las potencialidades de la obra, esta puesta en escena por Jorge Curi de «Insulto al público» de Peter Handke desnaturaliza el contenido.
La pieza de Handke (1942), como las de su coterráneo Thomas Bernhard, es o quiere ser el mundo al revés: aquí los actores se rehúsan a actuar, pero a diferencia de los personajes de Pirandello, no buscan a un autor, sino que intentan cambiar papeles con el público.
Naturalmente, la obra es, como lo anuncia el título, una provocación; pero lo que aconteció en el teatro Victoria parecía más bien el decente cierre, en el salón de actos de un colegio, de una previsible y aburrida fiesta de fin de año.
No hubo agresiones, ni salidas de tono, ni situaciones incómodas; no hubo nada de lo que debió haber.
El socorrido golpe de efecto de sacar a los espectadores de los asientos parecía casi una mínima fatalidad; de un modo u otro, era imprescindible sacarlos, si no de sus asientos, al menos de sus casillas. No ocurrió así.
El público presenció un largo recitado a cuatro voces, donde se insistía en que los actores no actuaban, lo que podía creerse, porque casi no lo hicieron, y además que el público sí lo hacía, lo que fue imposible de creer. Los actores parecieron perdidos, no tanto en la inmensidad del escenario, que pudo y debió achicarse, sino dentro de una pieza que no despertó convicción.
Sólo algunos momentos de Gabriel Hermano, en que el actor pareció intentar la necesaria provocación, nos acercaron al tema de «Insulto al público». Privada de sus filos, puntas y golpes, la obra de Handke resultó prescindible, sin vida ni pasión.
INSULTO AL PUBLICO de Peter Handke en traducción de Mercedes Rein, con Pelusa Vidal, Carlos Frasca, Ismael da Fonseca y Gabriel Hermano. Espacio escénico de Osvaldo Reyno, iluminación de Carlos Scavino, dirección de Jorge Curi. En Teatro Victoria, Río Negro 1479, tel. 901 99 7
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