"LOS GRANDES LIOS DE CHIOGGIA", DE CARLO GOLDONI, POR EL TEATRO DE LA GAVIOTA

Los líos de las puestas en escena

Aquí tenemos a Jorge Denevi, que puso en escena magistralmente a «Copenhague», sobre cuyo talento general y cualidades específicas para la puesta en escena no hay discrepancias; ayer tuvimos al muy dotado Sergio Pereira, en «¿Qué importa una loca más?»; antes a la muy meritoria María Varela, con «La casa de Bernarda Alba»; más recientemente, a «Insulto al público» de Peter Handke, dirección de Jorge Curi, de brillante historial. Todo espectáculo debe ser entretenido, el público debe divertirse, ha de haber una atmósfera festiva y celebrante, si no llega a dionisíaca; pero no es suficiente. En «Los grandes líos de Chioggia», de Carlo Goldoni, todo es dinámico, ágil y movedizo, como impulsado por las ráfagas de viento que recorren las velas de los barcos de los marinos de Chioggia y el director logra una pequeña maravilla de ensamblado al hacer circular a quince actores con una gracia y una delicada tensión corporal que llega casi al ballet; el vestuario (Carlos Pirelli) es adecuado y plásticamente hermoso; la escenografía, también de Pirelli, con sábanas que aluden al velamen, es un tanto sintética, pero alcanza a funcionar; la interpretación es acertada. Y no es suficiente; no salimos defraudados, pero sí confusos. Nos preguntamos qué hemos visto, qué ha querido hacer Goldoni, adónde va su intriga simple, sólida y hábilmente armada.

Hay varios temas posibles para «Los grandes líos de Chioggia», pero la puesta en escena no se decide por ninguno. Uno, de un orden que llamaríamos cósmico, dice así: «Pequeñas causas, grandes efectos» o, en el terreno de la ética, «No es bueno murmurar».

La pieza muestra, ciertamente, cómo de una conversación accidental e inocente puede llegarse, tras algunos equívocos y algunas reacciones poco meditadas, a peleas, lesiones y muerte. Otro tema, más clásico y moralista, quizás más próximo a Goldoni, podría ser «Adónde conducen las pasiones» y un tercero, recriminador y masculino, sería «las mujeres son capaces de enredarlo todo». No decimos que ninguno de ellos sea mejor que otro, pero sí que hay que decidirse por uno, mostrarlo claramente en la presentación, desarrollarlo con firmeza y dejarlo flotando en el aire, en el final. Nada de eso ocurre en «Los grandes líos de Chioggia» y la obra queda librada a la interpretación del público, que generalmente no se toma el trabajo de intentar su reconstrucción. Para bien o para mal, los espectadores esperan que las obras les sean servidas en el plato y no que tengan que realizar una especie de autoservicio. Es una lástima, porque la obra es divertida, tiene gracia, agudeza, buena observación de la vida y las costumbres. Tiene todo lo necesario para llegar a más. *

LOS GRANDES LIOS DE CHIOGGIA, de Carlo Goldoni, traducción de Miguel Quenón, por el Teatro de La Gaviota. Con Gonzalo Queiroz, Gabriela Guev, Lucía Pereira, Rossana Ramón, Virginia Cardinal, María Paula Echinope, Pedro Manini, Sebastián Serantes, Soledad Gilmet, Félix Correa, Rogelio Grazia, Omar Robella, Emilio Pigot, Fiorella Gamba, Gerardo de León. Escenografía y vestuario de Carlos Pirelli, iluminación de Carlos Scavino, dirección de Jorge Denevi. Estreno del 31 de mayo, teatro de La Gaviota, sala 1.

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