Cortos y largos para todos los gustos
Una de las características de este Festival es su ausencia de boato y ceremonias. No hay, por tanto, una verdadera Ceremonia de Inauguración y el evento se inicia sencillamente con las proyecciones programadas para el día de la apertura. Pero –ya consuetidinariamente– el público local y los invitados y participantes dan el carácter de inaugurativa a la sesión «nocturna» del día de inicio del Festival.
Y así, el pasado jueves, una gran afluencia de público colmó la sala del Cine Avenida cuando –a las 22.30 horas– tras la proyección (a concurso) de un corto paraguayo y otro español, se exhibió la primera película del Ciclo «Muestra de Cine Europeo» (sección no a concurso de la frondosa «Programación Paralela») que, oficiosamente, marcó el inicio del evento.
Una película eslovena (en coproducción con Francia, Bélgica y el Reino Unido) fue la encargada de iniciar estos 10 días que convierten a Huesca en una «capital cinematográfica»: la multipremiada «Tierra de Nadie» («No man’s land»), del bosnio Danis Tinovic. Premiada por el «Globo de Oro 2001″, el Premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes 2001 y el «Oscar 2001″ a la mejor Película en Lengua Extranjera, este filme es una magnífica obra y un genial alegato antibelicista que pasa a engrosar la lista del mejor cine, tanto en su aspecto artístico como en el de los valores humanos. Película que muestra como la guerra es una realidad terrible que llega a obnubilar la mente humana. Descarnadamente –en la peripecia de dos soldados, uno serbio y otro bosnio, atrapados en la «tierra de nadie» entre dos líneas de fuego enemiga– muestra la sinrazón de los conflictos bélicos y la burocracia y la falta de decisión de los mandos de los «cascos azules» de las naciones Unidas que –durante la guerra de Bosnia de 1993–estuvieron en la ex Yugoslavia, en los avatares de un sargento francés que –desobedeciendo las órdenes de sus superiores– trata de salvarlos. Esta crítica se extiende también a la acción de los periodistas que «cubren» el conflicto y cuyos jefes –desde la comodidad de sus despachos– exigen «la exclusiva».
Los ejes del festival…
Dos certámenes de cortometrajes constituyen el eje del Festival oscense: el Certamen Iberoamericano de Cortometrajes y el Certamen Internacional de Cortometrajes, razón y origen del evento.
El primero está ya en pleno desarrollo y el segundo se inició ayer. Un conjunto de 50 cortos de 10 países y 3 coproducciones conforman el primero y 59 cortos de 27 países y 2 coproducciones el segundo.
España, con 23 cortos, es el país con mayor participación del Certamen iberoamericano, seguido por México y Brasil, con 6 cortos cada uno. Los otros participantes son: Argentina (5 cortos a concurso), Chile (2) y Colombia, Guatemala, Paraguay, Portugal y Venezuela (con 1 corto cada uno). Las coproducciones son de España-Andorra, Venezuela-Estados Unidos y Venezuela-Reino Unido.
Los premios en disputa son el «Danzante de Oro» al mejor corto (dotado con 5.400 dólares), el «Premio Cacho Pallero» (con dotación de 2.700 dólares), el «Jinete Ibérico» (también con 2.700 dólares de dotación) y el «Premio Canal Plus» (sin recompensa pecuniaria).
…y su dilema
Junto a estos dos concursos hay una serie de otros ciclos cinematográficos como dos retrospectivas (de filmes de Marlene Dietrich y de películas en las que fue guionista Cesare Zavattini), una Muestra del último cine Europeo, ciclos de cortos españoles (los producidos en Argón y los englobados en el «Cine Negro y Policial Español»), un ciclo de cortos cubanos y otro de finlandeses y los ciclos de largometrajes de los homenajeados con los premios «Ciudad de Huesca» y «Luis Buñuel» (el finlandés Auri Kaurismäki, el checo Pavel Kotsky y el español Vicente Aranda).
Justamente estos ciclos paralelos, especialmente los de largometrajes, constituyen el «dilema» del Festival. Por un lado, diversifican y complementan la programación de un género como el del cortometraje de menor popularidad y más complejo. Pero, por el otro, inciden en la menor afluencia de público, más proclive a ver largometrajes, sobre todo cuando la oferta es de muy buenos clásicos de la historia del cine o las últimas producciones de un cine tan poco visto en España como es el europeo (debido al dominio del mercado por las distribuidoras estadounidense).
El hecho de que tanto el Ayuntamiento como la diputación provincial oscenses son patrocinadores (y donantes económicos) del Festival hace que –a cambio de sus aportes– exigen programaciones «de alcance popular»: es decir películas de largometraje que despierten el interés del gran público.
De ahí –como en casi todos los festivales hispánicos– la presencia de películas europeas y españolas, que –por otra parte– desperdigan la atención de los asistentes al Festival y hacen que la frondosidad de la «Programación Paralela» sea tan vasta.
El corto latinoamericano
Esta misma «frondosidad» hace que este Corresponsal no pueda cubrir toda la programación festivalera y frente al «embat du choix» deba fijarse prioridades.
La primera es ver la mayor cantidad posible de cortos iberoamericanos. Estos se proyectan en una sesión especial dedicada sólo a ellos (a las 12 horas) y su inclusión en la programación del ciclo «Cine Europeo» (antes de la proyección del largometraje programado).
De los vistos hasta ahora, se deduce que en Latinoamérica se ha alcanzado ya un nivel apreciable de técnica en un género tan difícil como es el de los cortometrajes.
Todos los cortos vistos en estos días están «bien hechos», han sobrepasado en forma apreciable el nivel «artesanal y principiante» y no se presentan apreciables defectos técnicos o formales.
Así se ha visto un corto paraguayo, «El Horno», de Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori, de buena factura técnica, con un encuadre original. (Muchas escenas están filmadas «a través de la puerta abierta de un horno»), aunque no absolutamente novedoso, con muy buena actuación de un equipo de actores al servicio de un guión interesante pero no acabado de desarrollar: una fuerte discusión de un matrimonio desavenido, con trágica consecuencia.
Lo interesante es que esta primera contribución paraguaya al Festival de Huesca llega con un nivel de profesionalidad apreciable y al mismo nivel de otros frecuentes concurrentes a este evento.
Los demás cortos (y películas) vistos hasta ahora serán comentados en próxima nota. *
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