ZOOLANDER

El comediante irreverente

Irreverente, luminoso, incisivo Ben Stiller se ha transformado en uno de los mejores comediantes de la actualidad. Todo su talento, ya como actor o cineasta, va más allá de lo meramente artesanal.

Todos seguramente lo recordarán por su última e inmensa intervención cinematográfica en Loco por Mary, junto a Cameron Díaz y Matt Dillon, una comedia –que no dirigió pero que ciertamente respetaba su espíritu a la hora de sentarse a escribir sus historias, rodarlas y actuarlas– insolentísima, de enredos, con guiños y transgresiones al género. Una sensación de trama con componentes demasiado salidos de curso en la fricción de los personajes, con componentes en definitiva bizarros y que sorprendieron a más de un crítico.

Claro que antes de la espléndida Zoolander, donde dirige y actúa, Ben Stiller tuvo su impecable ópera prima que no fuese precisamente una comedia, sino una crónica testimonial: Generación X (o Reality Bites, como se la denominó originalmente), con intervención de actores de alto rango como Winona Ryder y Ethan Hawke, centralizó o puso en foco todas las miradas.

Después se lo ha visto como maestro de ceremonias en la entrega de los premios Oscar, pos Billy Cristal (otro de los grandes comediantes) y, a la vez, se atrevió a filmar otra comedia subida de tono como El insoportable, junto a Jim Carrey y Matthew Broderick, donde hay escenas tremendamente alocadas y hasta chocantes (algo que ocurría con mayor frontalidad en Loco Por Mary). Así, sensible y merecidamente, Stiller se ha ganado una reputación que mantiene a partir de su nueva película.

Acaso porque Zoolander, donde comparte roles centrales junto a Owen Wilson (La Maldición) y Milla Jojovich (El Quinto Elemento), insiste con puntillosidad y virtuosismo a promover una caligrafía visual deliciosa desde el comienzo hasta su desenlace: hay enredos, situaciones tensas, una narración de una soltura y una fluidez propia de quien se ha asentado cómodamente en la superficie de la comedia y hace de ella todo un arte que convocará a la sonrisa y también a la reflexión.

Sin estridencias ni empaques, suelto de todo prejuicio, Stiller hace de Zoolander un ensayo del comportamiento humano sin sermón de la montaña alguno. Las criaturas van y vienen, se rozan, entran en zonas peligrosas, juegan al glamour por el glamour mismo. Stiller se ríe de todo y de todos con una irrevencia impar en su zoo particular. *

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