Murió Niki de Saint-Phalle

Fue la estrella femenina del movimiento vanguardista de los años sesenta, en la insurgencia del arte Pop o el nuevo realismo acaudillado por Pierre Restany y al cual perteneció.

Niki de Saint-Phalle, escultora y pintora francesa, murió, a los 71 años, en San Diego, California, el 22 de mayo, a causa de una enfermedad pulmonar provocada por la inhalación de vapores del material utilizado en su obra. Nacida en Neuilly-sur-Seine en 1930, hija de un banquero francés y de una madre estadounidense de la alta sociedad, su infancia se vio entenebrecida por las tendencias incestuosas de su padre y su juventud quebrada por la depresión nerviosa. Se casó joven con Henry Mattews, un escritor con quien tuvo dos hijos, para luego divorciarse y formar pareja con Jean Tinguely, un escultor suizo de ancha fama por sus máquinas inútiles, fallecido en 1991, y con un museo monográfico espléndido en Basilea. Juntos firmaron buena parte de su producción y en París, en los alrededores del Centro Pompidou, dejaron la alegre y divertida fuente Strawinsky. Amiga de la mujer del presidente Pompidou legó muchas obras al museo donde se exhiben en permanencia. Su fama está legítimamente asentada en los fundamentales años sesenta, donde todo cambió a partir de la revolución desatada en Londres con el pop-art, los Beatles, la minifalda de Mary Quant y la modelo Twiggy. Una liberación en los usos y costumbres que conmovió a la realeza británica. Y tuvo sus expansiones por Europa y Estados Unidos y de allí a todo el mundo. En el centro del huracán estaba Niki de Saint- Phalle con sus gigantescas esculturas de colores vivos llamadas Nanas. Eran la apoteosis de la libertad sexual con formas redondeadas y dinámicas hecha de diversos materiales y que provocaban un estado de euforia en el espectador. Una de ellas, difundida urbi et orbi, titulada Hon (ella, en sueco, también conocida como La mayor puta del mundo), de 25 metros de largo, fue instalada en el Museo de Arte Moderno de Estocolmo en 1963: tenía la forma de una mujer reclinada (parodia de Henry Moore) que se entraba por la parte del sexo y el interior era un environment como una suerte de parque de diversiones. La originalidad de sus figuras opulentas anulan el comercialismo del escultor colombiano Fernando Botero, que sin duda las tuvo en cuenta, pero sin lograr el efecto encantatorio y fustigador de la francesa. Que no se limitó a las Nanas. Su primera exposición en 1961 fue Tiros con carabina, pinturas en relieve donde invitaba a los espectadores a disparar contra globos llenos de pintura que, al romperse, corría sobre los lienzos. De la misma manera que Ives Klein, en la misma época, pintaba de azul los cuerpos de mujeres y las hacía deslizar sobre una tela blanca. De esas transgresiones a los sacrosantos códigos de la estética tradicional e incluso de vanguardia, estos herederos del dadaísta Marcel Duchamp, figura fundamental en el arte del siglo XX, se nutrieron numerosos artistas, hoy maestros indudablemente reconocidos.

Niki de Saint-Phalle pasó a residir en San Diego a partir de 1991 para tratar de aliviar la dolorosa enfermedad a los bronquios en un clima seco. En 1992 inauguró, en las enormes terrazas del nuevo Museo de Bonn, un grupo numeroso de esculturas recientes en coincidencia con la IX Documenta y a la que asistieron los especialistas de todo el mundo, incluyendo algún crítico uruguayo. Fue una fiesta inolvidable. *

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