Hace treinta años un capo mafioso monopolizó los premios y elogios
El más importante título de la filmografía del realizador Francis Ford Coppola es –aún hoy– una obra maestra, tanto desde el punto de vista visual como argumental e interpretativo, que derrumbó y reengendró un género cinematográfico tan explotado comercialmente como el llamado «cine de gangsters», despojándolo de su habitual maniqueísmo y dotándolo de un cuidado manejo de ambientes y situaciones y un desarrollo psicológico de los personajes del cual hasta entonces carecía.
Antes de detenernos en El padrino, parece oportuno recordar algunos datos básicos a propósito de la vida y particularmente de la producción artística del genial y controvertido Francis Ford Coppola, para poder comprender y situar mejor esta película, que es, sin lugar a dudas, uno de los títulos más relevantes de la producción del cineasta ítaloamericano.
Francis Ford Coppola nació el 7 de abril de 1939, en Detroit, Michigan. Luego de finalizar la secundaria, comenzó sus estudios en la escuela de cine de la UCLA en 1960, graduándose con las máximas calificaciones.
Al igual que otros colegas realizadores trabajó durante algún tiempo con el mítico director de cine de horror clase b Roger Corman en la producción de alguno de sus filmes. Entre sus primeras películas se encuentran Dementia 13 (1963), un largometraje documental filmado en Irlanda, y Ya eres un gran chico (1967), la cual fue aceptada como tesis en la UCLA.
En este período escribió, además, diversos guiones para la Seven Artist Productions. Su siguiente película, Llueve sobre mi corazón (1968), que él mismo produjo con su recién fundada Zoetrope Producions, tuvo un éxito moderado, pero permitió que la industria comenzara a prestarle atención
Apenas dos años después, en 1970, recibió su primer Oscar al mejor guión por Patton (1969) dirigida por F.J. Schaffer. George C. Scott recibió también una estatuilla como Mejor Actor, por su magistral interpretación del controvertido general norteamericano.
Pero su primer gran éxito llegó en 1972 con El padrino, película que dirigió y también coescribió en colaboración con Mario Puzo, autor de la exitosísima novela homónima. El filme fue un gran suceso a nivel de taquilla, pero también gozó del favor de la crítica en general.
Sus próximas películas, La conversación (1974), protagonizada por Gene Hackman y una secuela, El padrino: parte II, muy exitosa y también una gran película como la primera, permitieron que Coppola consolidara su lugar como uno de los mejores directores del cine norteamericano.
Pero sin duda alguna, la cinta más controvertida del genial realizador sería Apocalipsis Ahora (1979). Este filme, ya desde sus comienzos, se vio enfrentado a múltiples complicaciones que hicieron peligrar en más de una oportunidad su realización.
Como suele ocurrirle a Coppola con sus mejores películas, superó ampliamente el presupuesto calculado originalmente, al punto de que al parecer las cuantiosas ganancias del mismo fueron volcadas en gran medida a pagar deudas. Además, la filmación se dilató bastante más del tiempo calculado en una primera instancia, demandando más de dos años, entre 1976 y 1978. También insumió meses de arduo y alienante trabajo en las junglas de Filipinas, donde «poco a poco nos íbamos enloqueciendo», según el propio Coppola.
El catálogo de problemas incluyó también varios intentos de suicidio por parte del director, tifones, un ataque al corazón sufrido por Martín Sheen que casi le provoca la muerte en medio de la filmación y una cuantiosa cantidad de alcohol y drogas consumidas por el equipo de producción y los actores para sobrellevar las angustiosas condiciones, tanto físicas como psicológicas, a las cuales se vieron sometidos durante la realización del filme. Esta película, cuya versión ampliada se conoció recientemente en Montevideo, desnuda con una inusitada crudeza la alienación de la guerra y plantea al espectador un escalofriante tour de force a través de la perturbada psiquis de los protagonistas, inmersos en un ambiente pesadillesco y opresivo.
Este filme le valió a Coppola dos premios Oscar de la Academia, además de ser aclamada tanto por la crítica como por el público y permitirle ser considerado entre los más brillantes cineastas de su generación.
Luego del grandioso suceso que supuso Apocalipsis ahora, el genial pero no siempre exitoso realizador dirigió una serie de películas que supusieron en general importantes fracasos comerciales, a pesar de haber sido consideradas como títulos importantes. Ese período incluye películas como Corazonada (1982), Cotton Club (1984), Jardines de piedra (1987) Tucker: Un hombre y su sueño (1988) y El padrino III (1990).
A lo largo de su carrera Coppola fue laureado en cinco oportunidades con el premio Oscar otorgado por la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood, además de ser nominado en diez oportunidades más y de recibir dos Palmas de Oro en el prestigioso Festival de cine de Cannes.
En los años noventa, Francis Ford Coppola dirigió la exitosísima Drácula (1992), una de las versiones más fieles de la novela escrita por Bram Stoker.
Sobre la misma, el propio Coppola diría en una entrevista : «Hacer justicia al complejo personaje de Drácula fue uno de nuestros objetivos principales. Ha sido retratado como un monstruo o como un seductor, pero el conocer su biografía me hizo pensar en él como un ángel caído, como Satán. La ironía es que él era el campeón de la iglesia, el héroe que con su sola mano detuvo a los turcos, y entonces renunció a Dios porque su esposa era una suicida y se le negaba el entierro sagrado.
Cuando los grandes caen, se convierten en los demonios más poderosos. Alguna vez fue Satán el mayor de los ángeles.»
La obra maestra de un gran cineasta
La novela de Mario Puzo El padrino ya era un gran suceso cuando la película comenzó a filmarse en 1971. El proyecto estuvo rodeado desde sus comienzos por un halo de controversia.
La Liga de Derechos Civiles de los Italo-Americanos formuló una protesta y senadores y congresistas de Nueva York se unieron a ella.
Hubo amenazas de bomba e intimidaciones, pero se mantuvieron sucesivas reuniones para conciliar a las partes en discordia. Luego de arduas gestiones, aquellos que en un primer momento se opusieron a la realización de la cinta, se convirtieron en aliados que aceptaron participar en el proyecto.
La trabajosa tarea de reunir a tan destacado reparto, estuvo a cargo de Albert S. Ruddy y del director Francis Ford Coppola.
Marlon Brando fue uno de los tantos actores cuyo nombre se manejó para el papel de don Vito Corleone, pero no todos estaban de acuerdo con su selección. Sin embargo, tan deseoso se encontraba Brando de obtener el papel, que improvisó su maquillaje oscureciendo sus ojeras con betún de zapatos y metiéndose toallas de papel en la boca.
Llegado el momento de probarse para el papel, sorprendió tanto a los allí presentes, que la decisión fue unánime. Su caracterización es una de las más memorables en la historia del cine, siendo un clásico de referencia obligada para todos los estudiantes de arte dramático.
Reconocidos actores procuraron obtener los codiciados papeles secundarios, pero los cineastas optaron por valerse de actores menos conocidos, para que pareciera más auténtico como James Caan, John Cazale, el joven Al Pacino, quien se hizo famoso por su magistral interpretación de Michael Corleone, Robert Duvall, Talia Shire, Diane Keaton, y muchos otros que contribuyeron a la grandeza de este legenda
rio filme.
Esta meticulosidad en la elección del reparto, se extendió incluso hasta los papeles menos relevantes y a los propios extras, todos los cuales fueron entrenados en la atmósfera, usos, costumbres y actitudes de la época.
Además, se prestó una escrupulosa atención a los detalles de vestuario, automóviles y hasta el papel moneda de la época. «Era mi intención,» dice el director-productor-guionista Coppola, «hacer de este un filme auténtico acerca de gangsters italianos, cómo ellos vivían, cómo se comportaban, la manera en que trataban a sus familias, celebraban sus rituales.» Coppola y Puzo colaboraron en el libreto, manteniéndose fieles al espíritu y la complejidad de la novela original.
El padrino fue nominada a diez premios de la Academia, ganando tres como «Mejor Película de 1972″, «Mejor Actor» (Brando) y «Mejor Guión». En el año 1974, Coppola dirigió la primera secuela, El padrino II, casi tan exitosa como la primera aunque no tan lograda. De todas formas, conquista seis premios Oscar, entre los que se cuentan mejor filme, mejor dirección, mejor banda sonora, mejor escenografía y mejor actor secundario, otorgado al imponente Robert De Niro.
Apremiado económicamente como de costumbre, el realizador accedió a realizar El padrino III (1990), que culmina la saga y obtiene seis nominaciones al Oscar sin ganar ninguno.
De todas maneras, El padrino quedó registrada como una de las más emblemáticas películas de la segunda mitad del siglo XX. Impecablemente actuada y guionada, con una minuciosa reconstrucción de época, revela no sólo los vericuetos de la vida de una familia mafiosa tradicional, sino que además es una cruda y polémica radiografía sobre el manejo del poder, la corrupción y las miserias del sistema. *
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