Cartas de Greta Garbo a una presunta amante despiertan morbosa curiosidad
El próximo domingo 15 de abril, cuando se cumplan los diez años exactos de la muerte de Greta Garbo, se podrán leer las apasionadas cartas de amor que le envió a una presunta amante suya, Mercedes de Acosta.
Esta, luego de haber chantajeado a la estrella, terminó por donar la correspondencia a un museo de Filadelfia, con la condición de que se hiciera pública una década después de muerta la última de las dos interesadas.
Los restos de la actriz fueron trasladados el año pasado a un cementerio cercano a Estocolmo, en tumba que pronto resultó profanada, recuerda Ansa.
La homosexualidad y más en general el «misterio» que rodeó la vida de la «Divina» Garbo han sido violados numerosas veces, tanto por la indiscreción de otras cartas rematadas con anterioridad, como por los recientes biógrafos de la actriz sueca.
Uno de estos epistolarios «candentes» fue el que mantuvo con una amiga sueca, Mimi Pollak, donde hablaba a menudo de su odio y disgusto por la «horrenda Hollywood y los escuálidos Estados Unidos» y de su incapacidad de amar a los hombres. Se trataba de 44 cartas que la Sotheby’s remató en diciembre de 1994, y que siguieron a otra subasta de la misma casa, en junio de 1993, de 66 cartas donde la actriz daba rienda suelta a su melancolía.
Los rumores acerca de su homosexualidad eran conocidos, pues en su época de mayor esplendor se había hablado sólo de un romance con su descubridor, el director sueco Mauritz Stiller, notoriamente homosexual, y de una relación con el actor John Gilbert, en realidad su pareja más duradera en la pantalla.
Las biografías, que empezaron a hurgar con mayor ahínco en su vida privada, se publicaron desde 1981, a partir de la del historiador inglés Alexander Walker.
Walker, al escarbar en los archivos secretros de su única casa de producción hollywoodiana, la Metro-Goldwyn-Mayer, a la que fue fiel toda su vida, descubrió junto a nimios detalles de su vida privada toda una serie de testimonios sobre sus «duraderas amistades femeninas» y «su escasa propensión a amar a los hombres».
Más indiscreto aun fue el norteamericano Barry Paris, quien en 1995, cuando la Garbo había muerto hacía un lustro, publicó un libro donde se hablaba sin tapujos de sus amores sáficos, incestos, neurosis, etc. Paris encontró también algunas fotos desnudas de la «Divina» y se hablaba de «las dos mujeres de su vida», la ya mencionada Mercedes de Acosta, una noble española con pasaporte estadounidense, que en los años 30 se vestía de varón y se ufanaba de poder irse a la cama con cuanta actriz de Hollywood se le antojase, y la bailarina Lilyan Tashman.
Un historiador de cine francés, Jean Lacouture, llegó a escribir que la Garbo «era un gran hombre de cine».
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