Show de Simply Red

Entre el oficio y la espectacularidad

Cuando arrancaron con «Spirits Of Lights», los Simply Red ya habían dado su jaque mate ante un auditorio incondicional y que factiblemente creció escuchando sus canciones. Es la tónica que aparece en algunos conciertos con proyectos musicales que provienen del primer mundo: una corriente afectiva se despliega de inmediato, acaso un sentido de pertenencia de parte de los receptores que ven materializado el sueño de toparse face to face con esos temas, esas inflexiones vocales, esa sonoridad tan importante y decisiva.

Claro que distanciándose de ese correo expresivo entre público y músicos, uno podría decir que los Simply Red son ultraprofesionales, que poseen sus hallazgos, que saben cómo hacer crecer en tensión un set en vivo, bajarlo de decibeles cuando Hucknall practicó su minirrecital en tono acústico para luego levantar polvareda una vez más y así llegar al climax con «If You Don’t Know Me by Now» y «Ain’t That a Lot Of Love», pero que también conocen claramente sus limitaciones.

Hay madurez, oficio, sentido de la experiencia y un aplicado manejo escénico, pero nunca van a apartarse de la receta que los brindó notoriedad y hasta prestigio. Son menores, exactamente, no forman parte de la historia superlativa de la cultura rock pero pertenecen a ella por haberle otorgado una secuencia de canciones envolventes, gancheras y auténticas, lo que ya es más que suficiente hoy. Una comparativa: no son los Stones pero tampoco pretenden serlo. Hucknall sabe (y se sabe) demasiado hasta dónde llegan sus potencialidades creativas. No son los Talking Heads (por poner un ejemplo mayor estadounidense) ni nunca lo serán porque simplemente su estructura estética y estilística transcurre por otras vías con resultados solventes –que en vivo pueden llegar a tener tramos espectaculares– y se acabó la fiesta. Corren y correrán de atrás creativamente. Mick Hucknall es un magnífico cantante: su paleta de coloraciones es amplia, su dicción es impecable y aprovecha al máximo el flanco interpretativo. O sea, Simply Red es Hucknall y sus insinuaciones, su calidez, su forma de decir textos de una impronta confesional en la mayoría de los casos, retratos, historias simples con un sistema escritural nunca complejo que permite que la gente disfrute. La banda soporta con gran lucimiento colectivo a un Hucknall que tiene el don de cantar con destreza y sutilezas varias.

Así, pues, el concierto de los Simply Red logró su objetivo: brindarse a full en el escenario para que el público produjera esa adrenalina que no es otra cosa –a nivel anímico– que una disposición devocional, insosegable y expansiva.

Por cierto que los Simply Red navegaron un repertorio amplio y el público pudo escuchar temas como «Night Nurse», «Your Mirror» y asimismo «Your Eyes» y las impactantes «A New Flame» y «Stars», pasando por «So Beautiful» o «The Right Thing», entre otras, capitalizando un set intenso de una veintena de materiales».

Hucknall logró capitalizar, además, ovaciones. Es buen cantante –ya ha quedado escrito– y al mismo tiempo carismático y dosifica muy bien sus modos expresivos en escena. Por lo que su capacidad de entrega es intachable, generosa, por momentos de un touch emocional que golpea fortísimamente en sus receptores.

Se trató de un buen concierto. El público más que agradecido.

Simply Red en concierto. Cine teatro Plaza. Lunes 10 de abril. Personal: Mick Hucknall (voz y guitarra acústica), Gola Yashiki (bateria), Andy Wright (teclados y saxo), Denise Johnson y Sara Brown (coros), Kenji Zuzuki y Mark James (guitarras), Wayne Slobbarat (bajo), Tim vine (teclados), John Johnson (trompeta), Cristopher de Margari (saxo), Kevin Robinson (trombón).

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