Escrito por: Lucía Calvi

Protasi, actualmente jubilado como director de orquesta y pianista del Sodre, inició sus actividades en el instituto como director de orquesta en 1945, y dirigió espectáculos de zarzuela, ópera, opereta, balé y conciertos sinfónicos con la Orquesta de la Asociación Uruguaya de Músicos y la Ossodre.
En el exterior del paÃs, dirigió espectáculos de ópera en las orquestas de Córdoba y La Plata de Argentina, en la Orquesta Sinfónica de Porto Alegre, y en orquestas sinfónicas y filarmónicas de varios paÃses de Europa.
En cuanto al maestro Pablo Komlos, que también fue director de la Opera de Budapest, Protasi lo recuerda con las siguientes palabras.
Un dÃa viene a buscarme a mi casa de la calle Rivadavia casi Arenal Grande (era la tercera casa que ocupaba en pocos meses, pues me echaban por tocar el piano siete horas diarias), un amigo cantante, Duilio Valazza, para que ocupara el cargo de apuntador en la ópera Fausto de Gounod. Para mà fue un hecho muy importante porque serÃa en el Sodre. Participaban la orquesta sinfónica, solistas, el coro, el balé, y todo lo que lleva un espectáculo tan complejo.
El director era un maestro de origen húngaro, Pablo Komlos, que fue director de la Opera de Budapest, y los ensayos eran en la Casa del Partido Colorado. Esto le significó al maestro Komlos, que el Sodre lo contratara para dirigir Carmen de Bizet, en el Teatro de Verano del Parque Rodó, con cantantes nacionales y una figura internacional en el papel protagónico, Fidela Campigna. A partir de ese momento pierdo contacto con Komlos, pues él pasa a integrar el Sodre, y yo aún no era más que un aspirante.
Cuando me faltaban dos meses para cumplir 25 años, entro por concurso al primer Conservatorio Nacional como alumno de perfeccionamiento de piano. Mi maestro, Guillermo Kolischer, me recomendó para una suplencia y gracias a eso, en 1945 tuve la suerte de ingresar al Sodre.
Komlos ya tenÃa una academia que funcionaba en la avenida 18 de Julio frente al Liceo Francés. Un dÃa voy a esa academia a ofrecerme como pianista honorario, y me toma una prueba (primer acto de la Boheme de Puccini) y me acepta. HabÃa llegado a la conclusión de que si no estaba al lado de un maestro como Komlos, serÃa imposible aprender el oficio de co-repetidor o maestro interno, que me interesaba como profesión internacional.
Como primer trabajo, me encomienda enseñarle a José Soler, El trovador. Komlos cumple la tarea más importante cuando presenta cuatro tÃtulos (Cuentos de Hoffman, AÃda, Madame Butterfly y LucÃa de Lammermoor), donde debutan excelentes cantantes uruguayos. Esa temporada de cuatro tÃtulos se llevó a cabo con la colaboración del Sodre, que aportaba la sala, la orquesta, el coro, el balé, los decorados y el vestuario. El ciclo resultó un acontecimiento.
Al terminar, se homenajeó al maestro, y Ernesto Pinto le dice a Kolmos: “maestro, yo no creÃa en usted, pero ahora creo”. El Sodre habÃa llegado a presentar tres o cuatro tÃtulos a lo largo del año. Y Komlos, de un tirón, presenta cuatro en una misma temporada con cantantes casi desconocidos, pero con un nivel de preparación impecable.
Se trabajaba al ritmo dinámico de Komlos durante muchas horas. Era una nueva experiencia casi desconocida en nuestro medio. Los otros directores, Domingo Dente, Carlos Estrada, Eric Simon, desempeñaban sus actividades muy importantes como docentes, directores de coro, o daban también clases privadas; pero Komlos enseñaba sólo lo que iba a presentar.
A partir de ese momento, el Sodre maneja la temporada y le da un tÃtulo a cada director (también me tocó alguno a mÃ). Para Komlos fue un golpe muy fuerte y también para su equipo. Se establece una competencia, y como toda ciudad pequeña, todo trasciende en base a las comparaciones, y comienzan algunas rivalidades entre academias y maestros de canto.
Komlos piensa en irse a continuar su obra en Porto Alegre, y lleva a muchos músicos jubilados del Sodre para la Orquesta Sinfónica de Porto Alegre.
Yo fui el único uruguayo que fue a despedirlo. Me invitó a dirigir un concierto y más adelante, en 1968, me dio una segunda oportunidad, donde intervino Irma Schinca, mi esposa, en el Poema del amor y del mar, de Chausson. Después perdà contacto directo con Komlos, sobrevino el incendio del Sodre en 1971, y pasé a trabajar en el Teatro Colón de Buenos Aires. Allà supe que Komlos volvió a dirigir el Sodre, no le fue bien y llegaron a perdirle que renunciara. Sus últimas palabras en la puerta del Sodre fueron: “Yo que tanto hice por este paÃs”.
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