Baglietto y Vitale en concierto

El temblor del refinamiento

Juan y Lito fundidos a negro: sobre las capas sonoras que emanan del segundo, el primero –con la versatilidad ya harto conocida de su registro vocal– encara una versión de «Naranjo en flor». El público, de inmediato, se enciende y aprueba la propuesta: un tango versionado con la dignidad y el vuelo que poseen ambos protagonistas.

En rigor, su disco a dúo Postales del alma fue una gratificante sorpresa cuando se lanzó a la venta y, en vivo, mano a mano han quedado: las finanzas de Lito Vitale en el piano o en los climas siempre sugerentes que emergen de los sintetizadores; la voz de Baglietto otorgándole color y sentido a un repertorio que incluye evocaciones a su Rosario natal o practicar una espléndida versión de «Eclipse de mar» (de Joaquín Sabina) para que los receptores se movilicen en sus sitios y se sientan atravesados emocionalmente por un texto de los mejores que ha escrito el cantautor andaluz y que en el renglón interpretativo Baglietto la eleva –con el respaldo siempre sutil de Lito– a un momento superior de todo el espectáculo (*).

Ambos operan en escena a la perfección. Lito amarrado a su aparataje de piano y sintes y, a la vez, colocándole voces a las voces múltiples de Juan, quien a su vez en ocasiones opta por la guitarra o la percusión (muy bien ya golpeando el piano, la propia guitarra o una caja) o se manda con ese fraseo siempre atractivo, siempre pasional.

Los espectadores bien que se conmueven con ese proyecto escénico despojado: es la destreza y el virtuosismo de ambos, la química fundada la que permite entonces que haya una dosis de intensidad que golpea en la emotividad de todos los presentes. «Voy hacia el fuego como las mariposas», canta Juan, y el público se desparrama calurosamente.

O se puede abordar con formidable profesionalismo canciones emblemáticas como «La última curda» o hacia el final del show «Cambalache» y ambos salieron airosos o moverse hacia trazos instrumentales de piano y guitarra de impecable resolución interpretativa.

Baglietto perdió el pelo, pero no su forma corporal, absolutamente pasional que lo transformó a principios de la década del ochenta en uno de los referentes de la cultura rock de la vecina orilla. Su voz está intacta, en gran forma y continúa con esa política osada de abalanzarse (por decirlo de algún modo) con temas mayores –clásicos del tango, etcétera– y salir más que bien parado.

El sostén, por supuesto, es Vitale y las atmósferas que crea para su partner. Es un músico de gran apertura mental, inspiradísimo cuando debe meter sus propios arreglos y sonar personalísimo e insobornablemente refinado, como lo ha sido durante su larga trayectoria artística desde que arrancó profesionalmente en la música, allá lejos, con el recordado proyecto colectivo de M.I.A.

El show obtuvo en todo su desarrollo el subrayado de la excelencia. Juan y Lito, mano a mano como en el tango, relatando historias, postales del alma para seguir andando y creciendo y hacer crecer. Muy bueno.

(*) Sábado Hotel Conrad, domingo Sala Zitarrosa a las 21.30 hs.

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