Artes Visuales en Valencia

Un Museo del Siglo XIX

Nelson Di Maggio

En el antiguo convento del Carmen, uno de los primeros de Valencia, se inauguró la muestra De Corot a Monet. Los orígenes de la pintura moderna en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, futura sede del Museo del siglo XIX, en pleno casco histórico de la ciudad. Se refaccionó la mitad del claustro del siglo XV y las salas adyacentes que albergarán las salas de exposiciones temporarias. Parte de la construcción del convento carmelita es utilizado por el IVAM para artistas contemporáneos.

Es otro emprendimiento de la Dirección General de Promoción Cultural, Museos y Bellas Artes que preside la incansable Consuelo Císcar.

De Corot a Monet. Los orígenes de la pintura moderna en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza está conformada por alrededor de ochenta cuadros agrupados en siete conjuntos temáticos. Arranca con Corot y la pintura naturalista en Francia, con predominio de Corot (paisajes y desnudos), Théodore Rousseau, Gustav Courbet y la Escuela de Barbizon, cuyo propósito fue el de de acercase a la realidad pintando directamente la naturaleza. Un segundo capítulo lo constituye Pintura española del siglo XIX, entre el romanticismo y naturalismo, con trabajos de Carlos de Haes y Martí Alsina. Una tercera parte agrupa a la Pintura americana del siglo XIX con Gifford, Johnson y en partircular Winslow Homer que, en Escena de playa, 1869, parece anticipar la pintura planista posterior, complementada con la sección dedicada a Monet y el impresionismo americano, donde se incluyen a Twatchtman, Hassam, Robinson, Metcalf y Friseke.

La temperatura de la muestra sube con La escuela de La Haya y el naturalismo tardío donde se incluye a Toulouse Lautrec con Los Jockeys (1882), un expresionismo curioso, una tela de Vincent Van Gogh de la primera época donde se puede rastrear las influencias de Anton Mauve, Josef Israëls, Boudin, Jongkind como un aire epocal. En la sección dedicada a la Pintura impresionista francesa se destacan un espléndido Renoir, varios paisajes de Monet, en especial, La casa entre de las rosas, construido con una pincelada llameante, un apacible Alfred Sisley ( Inundación en Marly, 1876), buenos Pisarro y Guillaumin y termina con La pintura de la luz en España con la presencia cada vez más atractiva de Muñoz Degrain y Cecilio Plá, dos nombres que están siendo revalorizados, además de Sorolla, Regoyos, Mir y Ramón Casas.

La exposición es sumamente irregular como los nombres citados. No hay un guión curatorial convincente pues se incluyen figuras y paisajes, épocas diferentes de cada artista, que no permite extraer conclusiones válidas sobre las tendencias que van del naturalismo al impresionismo, que no fueron las únicas, por cierto. El montaje es convencional y la lectura, salvo en la bien resuelta sobre la Escuela de La Haya, donde se entrelazan amistades y dependencias estéticas, resulta errática. Quizá lo más atractivo es el (re)descubrimiento de figuras secundarias que tuvieron, en su época, una importancia desmedida.

Carmen Thyssen-Bornemisza es la mujer del barón Thyssen, que tiene su museo propio en Madrid, frente al Prado.

Pegado queda el Centro del Carmen, con las esculturas del gallego Francisco Leiro (mejor en sus comienzos que ahora) y del italiano Marco Bagnolli, un técnico impecable con pretensiones conceptuales y, a pesar de las consideraciones teóricas de Germano Celant en el catálogo, no logra suscitar mucho interés.

El público, novelero como siempre, que se desplace por el histórico barrio valenciano preferirá el siglo XIX en su oscilante perspectiva (con nombres y también obras, de gran calidad) que la desabrida propuesta posmoderna de dos contemporáneos. (Cuarta de una serie de notas sobre Valencia)

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