Exitoso pero pesimista
Miyazaki, de 61 años, declaró mostrando su trofeo con una gran sonrisa: «Nunca soñé que un león, un oso o cualquier otra cosa nos esperara en la ruta que hemos recorrido haciendo películas».
Pero rápidamente volvió al tono serio para plantear interrogantes sobre la popularidad de sus creaciones, que llevan a los niños a permanecer horas «pegados» a la pantalla de televisión, cuando sería mucho mejor para ellos que descubrieran la naturaleza y la vida de todos los días, dijo. «Hoy, los niños no saben encender una hoguera ni utilizar un cuchillo como se debe. Lo único que saben hacer es pulsar las teclas de la computadora», lamentó el cineasta.
«¿Aprenden acaso algo los niños quedándose sentados mirando videos durante cuatro o cinco horas? Nada. Los niños no pueden crecer de esa manera», estimó Hayao Miyakazi.
El dilema
«Cuanto más populares son mis películas, más miran los niños mis videos. Esto me plantea un verdadero dilema ¿Quién va a frenar esta tendencia? Si nosotros no lo hacemos, los niños perderán cada vez más el contacto con la realidad», lamentó. El director japonés estimó que lo importante «no es si la Bolsa sube o baja, sino si tenemos o no la seria intención de ayudar a los niños a tener un sentido del equilibrio». «Tal es el más importante problema que el país debe enfrentar».
Hayao Miyazaki se declaró feliz por haber obtenido el máximo galardón del Festival de Berlín, pero agregó que espera con curiosidad ver la reacción de los niños europeos a su película. «Yo no hago películas para recibir premios. No hay que olvidar que lo que hacemos son películas para los niños», recalcó.
Venerado en Japón por sus dibujos animados ecologistas y filosóficos, como «Princesa Mononoke» o «Mi vecino Totoro», Hayao Miyazaki, es el cineasta de más éxito en Japón y su prestigio en el mundo no se ha desmentido desde que en los años 70 adaptó «Heidi» para la televisión. «El viaje de Chihiro» ha batido todos los récords precedentes de taquilla en Japón.
La heroína de la historia es una niña de 10 años, Chihiro, cuyos padres son convertidos en cerdos por una bruja y ella intenta escapar de ese mismo destino con la ayuda de un amigo. A pesar del éxito del filme, Miyazaki dijo que era pesimista sobre el futuro de la industria de la animación japonesa y señaló que la publicidad conseguida por el premio podría deparar a Japón más vergüenza que orgullo.
«Creo que la animación japonesa se enfrenta a su muerte», dijo. «Me pregunto por qué hay tantas películas que contienen tanta violencia y alto contenido sexual. Por eso creo que la posibilidad de que la animación japonesa se conozca en todo el mundo sólo nos llevará a ruborizarnos». *
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