DAÑO COLATERAL

El lobo anda suelto

Ha vuelto Arnold Schwarzenegger. En Daño colateral, dirigida por Andrew Davis, compone a un bombero que tras un atentado busca tomar justicia por mano propia en las agitadas tierras colombianas.

Completan el elenco Francesca Neri, John Turturro, Elias Koteas, John Leguizamo y Cliff Curtis.

Nunca pensó ese bombero arrojado, ex miembro del escuadrón de bombas, que iba a presenciar la muerte en directo de su mujer y su hija al explotar una bomba colocada en plena Nueva York, más concretamente en el Consulado de Colombia. La guerrilla precisamente de ese país va a atribuirse, en segundos, ser responsable de semejante atentado.

El bombero (Arnold Schwarzenegger) sale del incidente con rasguños menores y, de pronto, al ver en el reporte televisivo el rostro del presunto asesino, sabe que segundos antes del atentado se cruzó y hasta llegó a tener un cruce de palabras con ese individuo que en ese momento había encubierto su identidad como un policía de tránsito haciendo su labor.

Daño colateral es pura receta, pura convención, pura estridencia. Schwarzenegger peleará su guerra personalísima, casi como si se tratara de un miembro de la legión de superhéroes que lideraba el hombre de acero Superman. Y lo hará en honor a la muerte de su familia (técnicamente calificados en situaciones de extrema violencia como «daños colaterales»).

Por lo tanto, se trata de un filme que tendrá su taquilla a partir de la refracción de los sucesos ocurridos el pasado 11 de setiembre en Nueva York con el atentado a las Twin Towers. Ejercita la teoría del demonio al que hay que salir a cazar a cualquier precio, porque representa la idea mayúscula del mal y, en esta oportunidad, a la manera del viejo Harry Callahan (Clint Eastwood): hacer justicia por sí mismo.

El personaje de Schwarzenegger decidirá su viaje al corazón de Colombia y lidiará, per se, con la guerrilla colombiana.

La elementalidad o escolaridad de la narración llega a niveles alarmantes.

Todo es vertiginoso, un shock de imágenes que no permiten al espectador reflexionar sobre el material que le están otorgando como una forma de la verdad a la que habrá que, en todo caso, falsear. No porque no haya una cultura de los atentados con la inevitable, lamentable muerte de inocentes, sino porque cuando un filme de este tipo de temática no promueve la autocrítica se vuelve demasiado peyorativo en punto de vista y toda posibilidad de enfoque analítica se diluye en la andanada de efectos especiales.

Como filme de acción, Daños colaterales es una superproducción en donde todo fluye sincrónicamente. De ver buen cine, olvidate. *

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