Fiebre pop de Kylie Minogue
El pop es realmente suntuoso, ganchero. Despide sensualidad a partir de esa australiana infartante, por bella, Kylie Minogue. El disco se llama «Fever» y hay pop, dance y toda la modernidad disfrutable de lo auténtico, aunque no haya sorpresas.
Esta modelo es actriz y cantante y, desde luego, es despampanante. Tiene ese toque matador muy subido de sensualidad, esa idea del despliegue carismático que transcurre a partir de su natural belleza. Es bella, bellísima. Y lo mejor del asunto es que Kylie Minogue –ex compañera del brillante compositor Nick Cave– pese a esos dones físicos y ser una modelo top, ha venido insistiendo en la edición de compactos en formato pop con resultados aplicados. Si el lector llegó a verla en un video clip, sabrá de qué se está hablando: una combinación de espectacularidad física, gran sentido del arrojo escénico, provocador y en consecuencia tendremos a una cantante que lo hace con convicción y expresividad.
Que por supuesto su reciente disco «Fever» no elude las convenciones del pop y el dance es una realidad más que palpable, pero hay rendimiento sonoro e interpretativo importante, además de noble. Y en ese contexto, hay textos elaborados con ingenio y melodías y una estructura arreglística que hace de la Minogue un plato bastante sabroso.
No hay estridencia ni insipidez dentro del esquema sonoro que se planteó en la hechura de «Fever»: todo el recorrido de los tracks es ganchero, siempre envolvente, con climas algo hots y una decisión de la Minogue –como cantante– de salir a la cancha a arrebatarle el sitio a todas las femmes fatales. Es un disco correcto, solventísimo en su estructura arreglística: el resultado es que la Minogue, estupenda cantante, parece haberse metido en la formulación de un sonido pop del siglo XXI que habrá que tener en cuenta. *
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