Nueva York no encuentra una novela para leer
En muchas otras ciudades de Estados Unidos sus habitantes han leído libros conjuntamente, respondiendo en forma positiva a iniciativas de bibliotecas públicas o cadenas comerciales.
En Chicago, en agosto último, se movilizó por primera vez con éxito la comuna con la lectura masiva del libro «To kill a Mockingbird» de Harper Lee e iniciativas análogas aparecieron en otros lugares, incluso en Nueva York.
Pero Nueva York es otra cosa: es la ciudad más grande del mundo y en la que se hablan más lenguas, pero además en ella política y literatura están a menudo enfrentadas.
Es también la ciudad donde la comisión instituida en las últimas semanas para elegir una novela para dar a leer en las escuelas y hacer discutir en grupo en las bibliotecas de los barrios, es decir, hacerla leer a millones de neoyorquinos, no dio ningún resultado.
El punto de partida debía ser «diversidad» y «multiculturalismo» con Nueva York como telón de fondo.
Dos libros lograron llegar al final: «The color of Water», un texto de memorias de James McBride referido a su infancia en Brooklyn con una madre judía y un padre negro, y «Native Speaker», la primera novela de Chang-rae Lee sobre un inmigrante coreano que espía a un consejero comunal de la misma etnia en Queens.
La última reunión de la comisión terminó con una pelea verbal: a algunos de sus miembros «The Color of Water» no les gustó por los comentarios descalificadores de los judíos hasídicos, en tanto de «Native Speaker» se dijo que podría ofender a los lectores de origen asiático.
El resultado es que hasta ahora no se logró nada y los intelectuales neoyorquinos aplaudieron.
«Odio esta idea de la lectura masiva», dijo Harold Bloom, custodio oficial del canon literario anglosajón, profesor en Yale.
Bloom, que considera la literatura una función eminentemente privada, comparó experimentos como los realizados en Chicago con la orden de «obligar a una ciudad a ir a comer a los restaurantes de comida rápida. Es algo horrible», dijo.
En Chicago el operativo fue lanzado con la intención de que sus ciudadanos vean menos televisión y se proyecten a la literatura a través de la lectura simultánea de la novela antirracista de Harper Lee.
«Pero Nueva York no es Chicago», observó Ann Douglas, que enseña literatura en la Columbia University. «Somos el más importante grupo de lectores y críticos en Estados Unidos, si no del mundo. Preferiría que las cosas quedaran como estuvieron en los últimos cien años, sin nadie que imponga desde lo alto qué libro debemos leer». *
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