TRAS LAS LINEAS ENEMIGAS, DE JOHN MOORE

Apología de la heroicidad

RAUL FORLAN LAMARQUE

 

En esta oportunidad situada -en términos históricos- durante el conflicto bélico en Bosnia. Hay héroes (un par de pilotos en un avión de reconocimiento que se meterán en serios problemas) y villanos (los renegados en territorio bosnio) sin término medio.

Los héroes de cartulina y los villanos más terribles que sabe crear el Hollywood industrial para generar entonces una voluntad de autocomplacerse de su hegemonía militar. Lo que es toda una señal demasiado peligrosa. Es decir, mirarse al ombligo de tanto poder y, para colmo, desplegarlo.

El filme, con roles centrales para Gene Hackman y Owen Wilson, narra la odisea de un piloto de reconocimiento, en la cual su nave es identificada y bombardeada con consecuencias de alta tensión dramática: la ejecución de su compañero por parte de un grupo de rebeldes y la posterior e implacable persecución que practican alrededor del piloto sobreviviente (Wilson), que pasa las de Caín, hasta que finalmente llegará la caballería (marines en helicópteros) y transformarán al asediado oficial en héroe por haber tomado las fotografías que serán la prueba de que tales rebeldes han fracturado el tratado de paz de la OTAN.

El contenido de Tras las líneas enemigas es previsible, y en ningún momento llega a sorprender con su anécdota. De todos modos, puede destacarse el cómo, o sea la forma en que está rodada la película: excelencias de montaje, sonido, fotografía, uso de congelados, cámaras lentas, esfumados, pase del metraje al revés para aumentar el voltaje dramático en la secuencia del campo minado etc.) lo que la rescata de su elementalidad narrativa y del mero mensaje inflamado de patriotismo.

Muy menor, pese a los buenas intenciones actorales de la dupla Hackman y Wilson. *

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