El enemigo
Mucho se ha hablado de los enemigos del Carnaval.
De aquellos que aún respingan la nariz cuando siquiera este nombre se pronuncia, de quienes no admiten la libre expresión de los conjuntos (hay más de los que parece), de los que cierran las posibilidades de levantar escenarios alegando las molestias que causan a la tranquilidad del barrio o a la estética del lugar.
Sumemos a ellos la crisis económica, tal vez uno de los factores más duros que se deben enfrentar, tanto para poner un conjunto en la calle como para poder asistir a los espectáculos, especialmente por parte del núcleo familiar, dado los altos costos que ello significa.
Ninguno de estos factores negativos y muchos más que se puedan agregar han impedido, pese a todo, el desarrollo de la fiesta más popular de los uruguayos. Esta se ha realizado siempre: mejor o peor, con más o menos brillo, según las circunstancias.
El gran enemigo del Carnaval, el único que verdaderamente puede hace zozobrar la gran fiesta, el que a esta altura ya ha provocado graves complicaciones es el mal tiempo, la lluvia.
Apenas a cinco días de iniciada la fiesta, solamente durante los dos primeros los escenarios pudieron abrir sus puertas y los conjuntos pudieron cumplir con sus contratos. El público ávido del canto de los carapintadas debió resignar su entusiasmo y volver a sus casas sin poder disfrutar las actuaciones que esperó a lo largo de todo un año.
La primera etapa del concurso también debió suspenderse, provocando ingentes pérdidas a los conjuntos que ya se habían preparado para participar de la jornada, que ya habían fletado el transporte para llegar al Teatro de Verano con todos los elementos de utilería y vestuarios.
Ni qué hablar de la frustración de integrantes y público.
Sin lugar a dudas, la lluvia es el peor enemigo del Carnaval y evidentemente muy poco en este caso se puede hacer, como no sea entre todos los carnavaleros estrechar filas y solidariamente apoyarse unos a otros procurando mitigar en la medida de lo posible las contrariedades.
Ojalá que aquella máxima popular de «mal principio buen final» se cumpla en esta oportunidad, haciendo justicia con quienes con tanto sacrificio y esmero apostaron a un gran Carnaval. *
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