Una rubia en Nueva York
El éxito de público forzó a extender la temporada, prevista por un mes, hasta el 23 de diciembre, una función donde se agotaron las localidades. Su actuación valió a Lilián el premio H.O.L.A., que la hará regresar a Nueva York para recibirlo, el 18 de marzo, a lo que seguirá, luego del 4 de abril, una nueva temporada. La obra obtuvo tres «Florencios» cuando su estreno en 1993: a la mejor actriz (Lilián Olhagaray) al mejor director (Jorge Denevi) y al mejor espectáculo y tuvo un notable éxito a lo largo de varias temporadas. Se ha representado en todo el mundo y en varios idiomas, desde Tel Aviv a Helsinki, donde los pulcros finlandeses le ofrecieron a Rovner enviarle, previo al estreno, la traducción al finlandés para su contralor.
Indagar las razones de este extraordinario éxito daría para muchas reflexiones literarias y sociológicas, pero anotaremos unas pocas ideas. En primer lugar, como «Tres mujeres altas», es un homenaje del autor a su madre, con la no escasa trasposición de que Eduardo Rovner, nacido en Rusia de una familia judía, logró un título universitario y completó sus estudios de violín, al punto que pudimos oír en un intervalo de «Tinieblas de un escritor enamorado» del mismo Rovner, un solo de violín por el dramaturgo y, todavía, de que al fin se casó con una judía, tal vez como querría su madre, la poetisa Eli Serebrenik, y no con una católica; la obra tiene un matiz de unción, de homenaje y respeto filial que aflora entre el humor de Rovner e impregna todas las escenas.
Está además el tema de la inmigración, que todos hemos vivido; particularmente Estados Unidos es un país de inmigrantes, y buena parte del Teatro de Repertorio Español está propulsada por los intereses de la colectividad de habla hispana de Nueva York, donde los latinoamericanos, ecuatorianos, colombianos, dominicanos, argentinos, son inmigrantes de países de inmigración, como si dijéramos inmigrantes en segundo grado.
En ese trasplante, lleno al parecer de inéditas peripecias, se encuentran los mismos grandes temas de la armonía entre lo antiguo y lo nuevo, la tradición y la invención, la madre y la esposa, la síntesis de los opuestos, el amor y el trabajo. Hay un drama, y hay una resolución, donde cada una de las partes en el conflicto acepta y transa, la madre con la vida autónoma de su niño ya adulto, el hijo que comprende al fin cuánto amor hay en tanta dominación; todo ello sin mengua del afecto mutuo, puesto a prueba y más fuerte que las circunstancias..
Esa lección de la historia, esta clave humor que, a vueltas de tanta aparición fúnebre de la madre dominante tiene la obra, entró en la cerradura histórica del Nueva York posterior al 11 de setiembre, porque supo expresar fe en el futuro sin la negación del pasado: la vida con la muerte, y no contra la muerte. Y supo expresar esa fe con la interpretación de Lilian Olhagaray, que fue elegida por el director Alejandro Samek para el papel entre todas las actrices de habla española que representaron el papel, en este caso con Daniel Marcove en el papel del hijo, que fue segundo de los intérpretes de la versión argentina (estrenada por Mabel Manzotti con Claudio Gallardou), versión argentina que (otra verdad de inmigrante: nadie es profeta en su tierra) no tuvo el éxito de público que le deparó Montevideo.
En el amplio jardín de su casa, que mucho extrañó Lilián en Nueva York, tuvimos con ella esta entrevista exclusiva para LA REPUBLICA.
–¿Cómo te invitaron a interpretar «Volvió una noche» en Nueva York?
–A mediados del año pasado yo estaba en vísperas de preparar «Copenhague», cuando Alejandro Samek, hijo de Alejandra Boero, que dirige en Buenos Aires el teatro «Andamios» y había de ser el director de la obra, me llamó para hacerla en Nueva York para el Teatro de Repertorio Español que dirigen René Buch, Robert Weber y Gilberto Zaldívar. Vinieron a Montevideo Eduardo Rovner, que había visto la obra varias veces, Zaldívar y Samek, que también la habían visto, aunque yo no lo sabía, y Daniel Marcove, que interpretaría al hijo.
–¿Cuándo empezaron los ensayos?
–Yo debía llegar a Nueva York exactamente el 11 de setiembre, pero en razón del atentado sólo pude llegar el 16. A partir de ese día ensayamos ocho horas diarias. El resto del elenco, aparte Daniel Marcove y yo, fue seleccionado por un casting a cargo de Samek en Nueva York, y tuve la alegría de que entre los postulantes Samek eligió a un uruguayo que reside en Nueva York, Luciano Aramburu, egresado de la E.M.A.D. y que hizo el papel de Chirino. Me fue muy fácil entenderme con Daniel Marcove, pese a que nunca habíamos actuado juntos.
–¿Cuáles fueron las condiciones económicas de tu contratación?
–El Teatro de Repertorio se hizo cargo de los pasajes, el alojamiento, que era muy cerca del teatro, el transporte en Nueva York, mi cachet y un viático. De hecho casi todos los días yo era invitada a comer, y así conocí la fantástica variedad gastronómica de Nueva York, la cocina vietnamita, francesa, italiana, irlandesa, polaca, mexicana, thailandesa, turca y aun argentina y uruguaya.
–¿Cómo es el Gramercy Theather Art, donde actuaron?
–Es un teatro off Broadway muy antiguo y tradicional, al punto que en los camarines se ven todavía las instalaciones para el gas de alumbrado. Como todos los teatros off Broadway tiene una capacidad limitada, serán unas 300 butacas. Está muy bien equipado, al punto de que las funciones se hacían con traducción simultánea: al entrar cada espectador recibe unos auriculares donde le llega la voz de dos personas, un hombre y una mujer, que van diciendo a cada oído los diálogos en perfecto inglés, mientras se oye la voz del actor en español.
Los horarios son muy distintos de los nuestros. En Nueva York el teatro no se da más allá de las 19 o 20 horas y suele haber funciones a las 15.00 horas y aun a las 11.00 de la mañana. Nosotros dábamos «Volvió una noche» jueves, viernes y sábados a las 19.00 o 20.00 horas y los domingos a las 15.00 horas.
–¿Cuál es tu explicación del éxito de «Volvió una noche»?
–Es una obra que llega por igual a jóvenes y a mayores, tiene justas dosis de humor y amor y se produce un clima mágico, una comunicación muy fuerte con los espectadores, al punto de que los directores del Teatro de Repertorio, Weber y Zaldívar, la vieron varias veces. Unía la muerte con una sonrisa de esperanza y de unión en paz con los muertos.
También la vio en Nueva York Sergio Renán, que se emocionó mucho con la pieza. El éxito de la pieza fue tal que el Teatro de Repertorio hizo lo que no hace nunca, cambiar la programación del resto del año para poder seguir dando «Volvió una noche», que estaba programada para un mes y se extendió hasta el 23 de diciembre.
–¿Qué pudiste ver de teatro en Nueva York?
–«Cabaret», de Sam Mendes, con Brooke Shields, que estaba muy bien pero no conseguía hacer olvidar a Liza Minelli, «El bosque petrificado» de Robert Sherwood, un espectáculo de Bob Wilson. Daban «La gaviota» de Chejov, con Meryl Streep, pero no llegué a tiempo para verla.
–¿Cuál es el comportamiento del público neoyorquino?
–En nuestra pieza mostró una gran comunicación. Suelen aplaudir en medio de las escenas, y siempre en los apagones.
–¿Qué es el premio «H.O.L.A.» que te acaban de otorgar por tu «sobresaliente» (outstanding) «interpretación»?
–El premio H.O.L.A. lo da una asociación de directores de teatro. Se me va a entregar el 18 de marzo, por lo que volveré a Nueva York en esa fecha. Después, el 4 de abri
l, se reestrenará en el Gramercy Teather Art «Volvió una noche», con el mismo reparto del año pasado.
Hablamos todavía un rato. Nos contó Lilián las ofertas que le llegaron para hacer «Volvió una noche» en la Argentina, las que rehusó, tratamos las relaciones entre la vida artística y la familiar. Cuando medió nuestra charla con Lilián, Júver Salcedo, desde un segundo plano perfectamente calculado y con ese «timing» que forma parte de su acervo actoral, había traído refrescos.
Al fin pude ver los recortes de prensa. Tal vez Lilián, siempre mesurada, había subestimado el impacto de su actuación, que para mí, que pude ver la versión argentina que, aún con buenos actores, no funcionaba, fue decisivo; opinión que comparto con la muy autorizada de Eduardo Rovner. En Nueva York la actuación de Lilián fue comentada así:
«…mención aparte merece Lilián Olhagaray en el papel de la madre, con un dominio de escena y una versatilidad asombrosa para recorrer una amplia gama de emociones y situaciones. La célebre actriz uruguaya de cierta manera resucita, vive plenamente y vuelve a morir cada noche en el papel de Faniushka. Una actuación de cinco kippas. O en tierra de gentil, de cinco sombreros».
Juan Merino, en «La Prensa», el 15 de Noviembre de 2001: «Lilián Olhagaray entrega una estupenda actuación, rica en detalles, en la que cada parlamento y movimiento da cuenta de una admirable vis cómica.» Fernando Campos, en «La Voz Hispana«, 25 al 31 de octubre de 2001″Lilián Olhagaray es a la vez convincente, dominadora y dulce… Ver una pieza y un elenco que tan bien conoce y goza lo que hace, es similar al placer, reconfortante y familiar, de una sabrosa empanada» (Luis H. Francia, en «The Village Voice». *
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