Una película del Mercosur
El filme suma talentos brasileños, argentinos y uruguayos, lo que justifica que se la haya definido como «la primera película del Mercosur».
También se la puede tomar a primera vista por un western. La acción arranca en Río Grande do Sul hacia 1924, tras finalizar la revolución del año anterior. El capitán republicano Pedro Arzábal (Marcos Winter) quiere paz, y busca refugio en un remoto pueblecito fronterizo con Uruguay. Allí entrará en contacto con don Marcial López, el caudillo del lugar (Alberto de Mendoza) y su enigmática hija, la Niña Leonor (Beatriz Rico).
La creciente atracción que esa joven ejerce sobre el recién llegado se entrelazará con la revelación de algún oscuro secreto del pasado, que conduce la acción por terrenos dramáticos.
La declarada intención del director de Freitas Lima ha sido el respeto al espíritu del universo de Arregui, y al mismo tiempo la elaboración de un universo cinematográfico con valor propio, donde se mezclan un afán de realismo y cierto espíritu épico y legendario. Cabe entender que ese universo es multinacional y habla dos idiomas: al fin y al cabo no hay tanta diferencia entre Río Grande y el norte de Uruguay.
El filme fue rodado de los dos lados de la frontera, aunque la posproducción se llevó a cabo en Buenos Aires y Los Angeles.
La apuesta principal del director de Freitas se dirige a lo visual, la recreación de un mundo todavía primitivo y bárbaro aunque en realidad no tan lejano: como lo recuerdan otras historias fronterizas del mismo Arregui o de Enrique Amorim, ese mundo era efectivamente así hace setenta u ochenta años.
A nivel de producción, Luna de octubre es también el resultado de una suma de esfuerzos: recursos de las empresas brasileñas que se acogieron a las leyes Rouanet y del Audiovisual de Brasil que habilitan un retorno impositivo, apoyos del Instituto Nacional del Cine y Artes Visuales de Argentina, intervención (en cierta etapa del rodaje) de la empresa uruguaya Imágenes. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad