FILME DE RIDLEY SCOTT SOBRE EL FRACASO MILITAR NORTEAMERICANO EN SOMALIA

La caída del halcón negro

Los atentados del pasado setiembre contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono provocaron respuestas contradictorias de los estudios de Hollywood, confundidos sobre la mejor estrategia a seguir para adaptarse a la tragedia. Y mientras algunos se apresuraban a aplazar el estreno de películas relacionadas con temas terroristas o especialmente violentas, Sony Pictures optó por adelantar la salida de «Black Hawk Down» (La caída del Halcón Negro), inicialmente prevista para marzo de 2002. Así, la cinta llegó el viernes a un número limitado de cines en Los Angeles y Nueva York para poder ser nominada a los próximos Oscar y el 18 de enero se estrenará en el resto de Estados Unidos. Sin querer explotar la tragedia que vive el país, «sentimos que este era el mejor momento para estrenarla», explicó Mai Joyce, de los estudios Revolution, que financiaron la producción de 90 millones de dólares, distribuida por Sony. «Es un cuento heroico sobre los muchachos que mandamos en esa misión de Naciones Unidas y lo que tuvieron que pasar», agregó.

Error militar

Lo que comenzó en 1993 como una operación humanitaria de Naciones Unidas en Somalia se convirtió en una pesadilla cuando tropas estadounidenses fueron lanzadas por helicópteros Black Hawk en Mogadiscio para capturar a los hombres del caudillo somalí, Mohamed Farah Aidid, durante una reunión clandestina en el centro de la capital. Dos de los helicópteros fueron abatidos y las tropas estadounidenses se encontraron enzarzadas en una batalla de más de 15 horas en las calles de Mogadiscio en que murieron cientos de somalíes y 18 soldados norteamericanos.

Filme extremadamente violento, «Black Hawk Down» es sin duda la película que más se ha acercado hasta ahora a la realidad bélica que sacude actualmente a Estados Unidos. Basada en un libro del mismo título escrito por el periodista Mark Bowden, muestra la encarnizada lucha de las unidades especiales estadounidenses en un lejano país mientras miles de marines se encuentran enzarzados en una operación terrestre en Afganistán. Desafiando a la azucarada noción de patriotismo que Hollywood muestra demasiado a menudo, los artífices de la película quisieron acercarla tanto como fuese posible al género documental, para mostrar al público que pese a la llamada guerra tecnológica, la batalla terrestre sigue siendo brutal.

«A la hora de la verdad, la guerra sigue obligando a los soldados a bajar sobre el terreno y a entrar en las cuevas de Afganistán», afirmó Ridley Scott en declaraciones al New York Times. En un principio la cinta debía incluir un epílogo que relacionaba la retirada estadounidense de Somalia tras el fiasco y su falta de decisión en conflictos posteriores, desde el auge de Osama bin Laden y del terrorismo internacional. Sin embargo, en el último momento, el equipo de producción decidió que la referencia era innecesaria.

«Al final nos pareció que (la relación) era evidente, que todo quedaba explicado en la película y que evocar el 11 de setiembre al final sería demasiado», explicó Scott al rotativo. «Para mí está claro que existe una conexión entre Mogadiscio y lo que está pasando ahora, pero hacerlo explícito al final de la película habría sido demasiado», agregó el director. *

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