EL REGRESO DE MICK JAGGER

El fuego interminable

Mick Jagger, uno de los grandes del siglo XX y del que transcurre vuelve a full con la edición «Goodess In The Doorway», su cuarta experiencia como solista. Ritmos dance, baladas y rock e invitados de lujo como el irlandés Bono, de los U2, enrtre otros, hacen de este proyecto un festín. Jagger en su mejor forma a los 58 años.

Mick Jagger está de regreso y habrá que celebrarlo porque acaso su flamante disco en calidad de solista Goddess In The Doorway es factiblemente uno de los mejores del año e inobjetablemente el mejor del legendario cantante de los Stones fundado en plan solista. Es decir, es su cuarta propuesta luego de los altibajos entrevistos en sus predecesores tales como She’s The Boss de 1985, Primitive Cool de1987 y Wondering Spirit de 1993 como solista y la más madura, la que posee mayor swing y colorido, la que se apoya en la tradición stoniana para fundar una secuencia de canciones realmente impresionantes.

Todo tiene un punto de partida: la construcción rítmica y melódica de la guitarra de Jagger, para luego dispararse en formas y contenidos que hacen a subgéneros como el dance, el pop y el inevitable rocanrol.

El bocón está cantando como nunca y maneja los tonos y las texturas con maestría especialmente en las inflexiones baladísticas o en las deliciosas incursiones de cuño country. O si se quiere, en avasallantes rocanroles como para no olvidarse de qué tronco o de qué eje estético y estilístico proviene.

Lo cierto es que el disco tiene un plus cualitativo con las intervenciones de los cantantes Bono (de los U2), de Rob Thomas (excepcional vocalista que ya había puesto su voz al servicio de Carlos Santana, además de ser el líder de los atractivos Matchbox 20), del notabilísimo bluesman Wycleaf Jean (una de las figuras totémicas de la década del noventa), de otro legendario como el venerable Pete Townshend (el compositor y guitarrista de los inolvidables The Who), de Joe Perry (de Aerosmith).

También le otorga participación a sus dos hijas Elizabeth y Georgie May y hay una atmósfera siempre insinuante y sugestiva, con ambientaciones arreglísticas estupendas que en definitiva homenajean ese territorio sagrado llamado Rolling Stones. Escúchese temas tales como «You Call Me Up» o «Hide Away», por citar tan solamente dos ejemplos, y se comprobará el fuego interminable, el fluir confesional y vital de un Jagger al tope de sus potencialidades.

Escúchese esa modalidad de hard-rock que viene a ser «Everybody Getting High». Es una suerte de autoparodia memorable de su condición de rico y famoso que, en definitiva, nunca abandonó ese espíritu de reo y de wild guy callejero.

Hay rocanroles que te levantan de cualquier depresión como «Lucky Day»: Jagger parece posarse frente al espejo y hacerle guiñadas brutales y con algo de furia hedonista. Hay que mirarse a sí mismo y salir en ganador: solamente figuras emblemáticas como Jagger pueden hacerlo a los 58 años y dale que va esa guitarra rítmica que todo lo puede.

En suma, Gooddess In The Doorway, en más de una decena de canciones tan prolija y seriamente articuladas, es un discazo con un Mick Jagger del que emana una electricidad contagiante, de una alta y fluida inspiración, de gran soltura a nivel expresivo y con la elaboración de una serie de melodías absolutamente gancheras, que no facilistas. Pura música a todo Mick Jagger, el abuelo del rocanrol.

Indispensable. *

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