ARGENTINA, BRASIL Y URUGUAY SE ALZARON CON IMPORTANTES PREMIOS EN UNA MUESTRA DE GRAN NIVEL

El cine del Mercosur fue condecorado en La Habana

En primer lugar podría decirse que el 23º Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana supuso un particular triunfo del cine argentino y brasileño, aunque Uruguay también jugó un papel destacado a la hora de la entrega de premios.

Los principales laureles, como ya se sabe, fueron para La ciénaga, de la argentina Lucrecia Martel, un título consagrado como Mejor Película, que también conquistó el premio a la Mejor Dirección, Mejor Actriz –por Graciela Borges– y Mejor Sonido.

Por su parte, A la izquierda del padre, del brasileño Luiz Fernando Carvalho, no se quedó muy atrás, ya que no sólo pudo saborear el segundo Premio Coral a Mejor Largometraje de Ficción sino que — además– arrasó con los premios correspondientes a Mejor Actor (Selton Mello), Mejor Fotografía y Mejor Música.

A modo de análisis (y opinión), podría subrayarse el antagonismo que marcaron las dos propuestas audiovisuales premiadas: Mientras que La ciénaga se jugó a un despojadísimo neorrealismo argentino, A la izquierda del padre supuso un deliberado ejercicio literario bastante volcado a la representación dramática. En los festivales nunca se sabe aunque parece que los fallos del jurado, en definitiva, no ocasionaron mayor sorpresas.

A nivel de Uruguay vale la pena subrayar la destacada participación de nuestro cine en territorio cubano.

En principio puede señalarse el nuevo triunfo del filme 25 Watts, de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, que conquistó el Premio Coral a Mejor Opera Prima, compartido con el largometraje Nada, del cubano Juan Carlos Cremata Malberti. Para mérito de nuestra cinematografía, la lista de condecoraciones no termina aquí porque, en el rubro Animación, Walter Tournier se quedó con el segundo Premio Coral por Navidades caribeñas y la cineasta compatriota Beatriz Flores Silva fue galardonada con el Premio de Radio Habana Cuba por En la puta vida, al ser considerada la película del festival «que mejor retrató los problemas de Latinoamérica».

Tampoco debe pasarse por alto el honroso sexto puesto que obtuvo dicha película en la preferencia del público, habida cuenta de los ciento quince largometrajes que también competían por el Premio de la Popularidad, una condecoración que finalmente recayó en El hijo de la novia, del argentino Juan José Campanella, al ser la más votada por la platea cubana.

En otro orden de cosas, la información no debe excluir otro triunfo de Argentina al haber logrado el Premio al mejor Guión Inédito por el script titulado Buenos Aires 100 kilómetros a la vez que el mexicano Juan Carlos Zaldívar se quedaba con el Premio al Mejor Documental por su trabajo 90 millas que reflejaba el desgarramiento migratorio de la sociedad cubana vía Miami. Esta mirada también estuvo presente en el ya mencionado filme Nada (que causó verdadero revuelo en La Habana por su cuota de humorística transgresión) y sobre todo en Video de familia, que consiguió el Premio al Mejor Cortometraje, al resultar un admirable trabajo realizado en soporte electrónico por el talentoso Humberto Padrón, un joven cineasta que se las trae.

Con el Premio Fipresci a la Mejor Película otorgado al notable largometraje mexicano Y tu mamá también puede cerrarse la lista de distinciones. Sin embargo, la presente nota no podría concluir sin subrayar la hipermasiva afluencia del festival –que superó todas las expectativas con más de sescientas mil personas–, que literalmente desbordó las 25 salas (más tres de video), donde se exhibían los filmes de este famoso festival habanero. Que se repita. *

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