EDUARDO GALEANO FUE GALARDONADO CON EL TITULO DOCTOR HONORIS CAUSA DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA

"Los gobiernos compiten por quién se arrastra más en la Copa del Felpudo"

Asimismo, en referencia a los atentados del 11 de setiembre, criticó la actitud de varios gobiernos del mundo que, «compiten por arrastrarse ante los mandones», en lo que definió como el «Campeonato Mundial del Felpudo».

Galeano recibió ayer el título Doctor Honoris Causa en Letras de la Universidad de La Habana, durante una ceremonia que se realizó en el aula magna, que lució desbordada de público.

«Muchas gracias. En realidad, esas dos palabritas expresan perfectamente todo lo que tengo que decir, porque las estoy diciendo de verdad y no por fórmula de obligatoria cortesía», dijo el escritor iniciando su mensaje.

«No digo muchas gracias a la Universidad de La Habana solamente porque ha cometido la irresponsabilidad de hacerme doctor, aunque este único gesto bien valdría, de por sí, mi agradecimiento. Porque estaba visto que yo, que nunca fui estudiante universitario y aprendí lo poco que sé en los cafés de Montevideo, sólo podía llegar a ser doctor por algún acto de magia o generosidad», ironizó el orador.

«Había otra posibilidad, pensándolo bien, pero no se me dio. En mi país, en un pueblo que se llama Cerro Chato aunque no tiene ningún cerro, ni chato ni puntiagudo, hubo alguien que tuvo esa suerte. Doctor Galarza, se llamaba. El padre lo había bautizado así, Doctor de nombre, Galarza de apellido, porque quería un hijo con diploma y su bebé no le pareció digno de confianza. Pero cuando yo nací, me llamaron Eduardo».

Galeano citó parte de lo que escribió a lo largo del tiempo sobre Cuba, diciendo que estaba especialmente agradecido por el reconocimineto «porque el doctorado viene de donde viene».

«Hace treinta años, me preguntaba yo, a propósito de la actitud del gobierno de los Estados Unidos, que prohibía que sus ciudadanos viajaran libremente a Cuba: ‘Si esta isla es, como dicen, el infierno, ¿por qué los Estados Unidos no organizan excursiones para que sus ciudadanos la conozcan y se desengañen?’. Ahora, me lo sigo preguntando».

«Hace diez años, formulaba otra pregunta sobre la infiernización de Cuba: ‘¿Por qué voy a confundirla, ahora, con el infierno, si yo nunca la he confundido con el paraíso?’. Y ahora, me lo sigo preguntando. Ni infierno, ni paraíso: la Revolución, obra de este mundo, está sucia de barro humano, y justamente por eso, y no a pesar de eso, sigue siendo contagiosa».

La Copa del Felpudo

«Yo siempre creí que a Cuba se puede quererla sin mentir coincidencias ni callar divergencias», continuó el escritor. «Y ahora estoy más que nunca seguro de que no hay otra manera de quererla, ni dentro ni fuera de sus fronteras, porque la coincidencia que se alimenta de la divergencia es la única forma de amor digna de fe».

Galeano hizo referencia en su discurso al actual mapa mundial, tras los atentados del 11 de setiembre: «No son muy honrosos, que digamos, estos tiempos que estamos viviendo. Pareciera que se está disputando la Copa Mundial del Felpudo. Uno tiene la impresión, y ojalá sea una impresión equivocada, de que los gobiernos compiten entre sí a ver quién se arrastra mejor por los suelos y quién se deja pisar con mayor entusiasmo».

La competencia venía de antes, pero a partir de los atentados terroristas del 11 de setiembre hay una casi unanimidad en la obsecuencia oficial ante los mandones del mundo».

Casi unanimidad, digo. Y digo que hoy me siento orgulloso de recibir esta distinción en el país que más claramente ha puesto los puntos sobre las íes diciendo no a la impunidad de los poderosos, el país que con más firmeza y lucidez se ha negado a aceptar esta suerte de salvoconducto universal otorgado a los señores de la guerra, que en nombre de la lucha contra el terrorismo pueden practicar a su antojo todo el terrorismo que se les ocurra, bombardeando a quien quieran y matando cuando quieran y a cuantos quieran.

En un mundo donde el servilismo es alta virtud, en un mundo donde quien no se vende, se alquila, resulta raro escuchar la voz de la dignidad. Cuba está siendo, una vez más, boca de esa voz.

Afirmó que «a lo largo de más de cuarenta años, esta Revolución, castigada, bloqueada, calumniada, ha hecho bastante menos que lo que quería pero ha hecho mucho más que lo que podía. Y en eso está».

«Ella sigue cometiendo la peligrosa locura de creer que los seres humanos no estamos condenados a la humillación. A ella le doy, en ustedes, mis muchas gracias». *

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