El nuevo cine coreano en Cinemateca
Las películas se exhibirán a razón de una por día, para permitir al público uruguayo un acercamiento a una cinematografía casi desconocida en nuestros lares.
De acuerdo a lo programado, en la presente jornada se proyectará Area común de seguridad, una película de 2000 dirigida por Park Chan-wood. Se trata de una recreación histórica, que relata un incidente militar entre las dos Coreas acaecido en el paralelo 38.
El episodio deriva en numerosas muertes y una posterior investigación. Por detrás de la intriga corre una reflexión sobre un país artificialmente dividido por la política y las potencias extraterritoriales.
El miércoles 12 se proyectará El último regalo, de 2001, que cuenta con la dirección de Oh-Gi-hwan. La cinta relata la peripecia de un comediante fracasado que aspira a triunfar.
Sin embargo, debe enfrentar numerosas dificultades, ya que su esposa padece una enfermedad incurable, aunque dos estafadores, a su manera, intentan ayudarle.
La historia contiene puntas emotivas, cuando su esposa prepara el regalo del título.
Por su parte, el jueves 13 se exhibirá No hay donde esconderse, producción de 1999 dirigida por Lee Myung-se. Este es un filme policial que, en más de un sentido, imita el modelo norteamericano del género.
A su modo y con sus particularidades, el personaje central de la historia es un «Harry el sucio» (el personaje más célebre del director y cineasta Clint Eastwood), un detective violento en exceso y un colega bastante más tranquilo. Ambos combaten al hampa coreana, teniendo claro el aserto que el fin justifica los medios.
La última cinta prevista para esta pequeña muestra es La historia de Chuhyang (2000), que fue dirigida por Im Kwon-taek.
El hijo de un gobernador se casa con una mujer de clase baja. La relación es interferida por un hombre poderoso y de gran influencia.
Se trata de una clásica historia coreana varias veces trasladada al cine, en esta oportunidad con por veterano realizador Kwon-taek, uno de los cineastas más proficuos y prestigiosos de ese lejano país asiático.
El ciclo se realiza con el apoyo del Corean Film Archive de Seúl y la Embajada de Corea en Buenos Aires.
Se sabe que el cine coreano alcanzó durante la década del noventa del siglo pasado, un desarrollo artístico ciertamente significativo. Detrás de él hay, empero, un desarrollo de casi un siglo, ya que el séptimo arte llegó a Corea en 1897. Sin embargo, la primera exhibición pública recién se concretó en 1908.
Sin embargo, la primera parte de esta historia es apenas conocida, ya que de las películas realizadas antes de 1946 se conocen apenas tres, que en realidad son producciones japonesas que datan de tiempos de la ocupación.
El cine coreano propiamente dicho comenzó en la década del veinte y las fuerzas ocupantes japonesas lo pusieron al servicio de objetivos propagandísticos, durante la Segunda Guerra Mundial.
Tras la definitiva derrota de las fuerzas del Eje en 1945 y la división del país entre Corea del Sur y Corea del Norte hubo una nueva guerra con participación de potencias externas.
En el período de posguerra, el arte cinematográfico avanzó por carriles diferentes: mientras la Corea del Norte comunista abordó un estilo netamente propagandístico, la Corea del Sur capitalista hizo cine «de género», apuntando a la creación de una industria comercial con fines de lucro.
En esa época comenzaron a perfilarse nombres significativos, como Yu Hyun Mok, Shing Sang Ok, Kim Su Young y especialmente este último, también llamado Mr. Monstruo por sus transgresores filmes terroríficos de clase B.
En el terreno de cine de «arte y ensayo», el nombre más importante es el de Yu Hyun Mok, en quien se han detectado vínculos con el neorrealismo y su visión cuestionadora de la realidad.
Por su parte, Shing Sang Ok ha sido elogiado por su dominio de la forma y la profundidad de la exploración de las emociones humanas.
La censura y la intervención gubernamental parecen haber empobrecido al cine de Corea del Sur de los años setenta, aunque los ochenta conocieron algún renacimientos. El cineasta más notorio es Im Kwon Taek, autor de decenas de filmes comerciales desde los años setenta, en los que trasunta, de vez en cuando, un toque personal, con apuntes sobre la situación de las clases trabajadores, el sometimiento de la mujer y otros temas comprometidos.
Los años noventa han aportado otros cambios en el cine surcoreano. El aflojamiento de la censura, la apertura a la producción extranjera y un sistema de «cuotas de pantalla» ha permitido al cine nacional competir con Hollywood.
Han surgido también realizadores interesantes, como Park Wan Soo y el enfant terrible Jang Sun Wooo. *
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