"REQUIEM PARA UN SUEÑO": CINE INDEPENDIENTE DE ESCRITURA SOMBRIA SOBRE LA ALIENACION POSMODERNA

Una agobiante crónica de perdedores

Esta es la marca que identifica a la mítica «fábrica de sueños» de Hollywood, cuya producción parece cada vez más distante del arte y más cercana a la chatarra comercial de liviano consumo masivo.

Aún sin un adecuado financiamiento por no ceder a los subyugantes cantos de sirena del mercado, sobrevive el denominado cine independiente, que humaniza personajes y situaciones ajenas al heroísmo barato y despojado de los habituales estereotipos de la frívola megaindustria.

En medio de un aluvión de estrenos de dudosa calidad artística, afortunadamente –aunque cada vez con menor frecuencia– suelen aterrizar en nuestra cartelera filmes que apuntan a lo reflexivo.

Es el caso concreto de Réquiem para un sueño, el segundo título del cineasta independiente Darren Aronofsky, que en Pi –su ópera prima– ya insinuaba su inquietud por explorar algunos de los más desgarrantes traumas del hombre moderno, como la soledad y la alienación individual y colectiva.

Esta segunda entrega del realizador es, naturalmente, también revulsiva, intensa y perturbadora.

Con apenas cuatro personajes, Réquiem para un sueño lanza una aguda mirada sobre las angustias existenciales del ser humano del tercer milenio, enfrentado a cada vez más incertidumbres y menos certezas.

Renunciando a toda visión edulcorada de la realidad, Aronosfky narra la historia de seres humanos atribulados y perdedores empedernidos en Coney Island, una de las zonas más deprimidas y decadentes de Nueva York.

Sara (Ellen Burstyn), nominada al Oscar por esta película, es una viuda solitaria adicta a la comida y la televisión, que observa cómo su vida transcurre en medio de un extenuante tedio y sin ningún incentivo para seguir adelante.

Su hijo Harry (Jared Leto), es un drogadicto y traficante de cocaína, que junto a su amigo y socio Tyrone (Marlon Wayans), sólo aspira a reunir dinero para asegurarse el futuro sin afrontar los verdaderos desafíos que un joven debería asumir.

La novia de Harry es Marion (Jennifer Connely), una hermosa joven que huye de las responsabilidades y de sus padres, que no dudará en prostituirse para sobrevivir junto a su errática pareja.

A través de estos cuatro desencantados personajes, el realizador construye un dramático fresco humano que desnuda la alienación moderna, la marginalidad y la crisis generacional.

La desgastada viuda, que con tal de adelgazar se intoxica con anfetaminas hasta precipitarse a la demencia, sueña con presentarse a un concurso televisivo y ser ovacionada por un idiotizado auditorio.

Los tres jóvenes sólo aspiran «respirar» lejos de una sociedad que fagocita utopías y no les otorga espacios de desarrollo. La droga –además de un negocio– es aquí una mera válvula de escape a tanta depresión y opresión.

En la transgresora paleta artística de Aronosfky, la televisión sería el «opio de los pueblos», porque narcotiza y produce los mismos efectos alucinógenos de la cocaína.

El cineasta imprime a su relato un ritmo frenético, con una nerviosa cámara que trabaja con vértigo y primeros planos casi grotescos. Darren Aronofsky no soslaya la desmesura, la caricatura patética y aun los golpes bajos, para describir con crudeza los despiadados paisajes humanos y las angustias de los protagonistas.

Réquiem para un sueño es una crónica de perdedores y pasionales seres que transitan por los pretiles del abismo, que demuelen y transgreden las convenciones sociales con tal de conservar sus frágiles identidades.

Este es un filme agobiante y de clima claustrofóbico, que denuncia varias expresiones de adicción pero no como un fenómeno meramente individual, en la medida en que las patologías están asociadas a la ecuación causa-efecto.

Estas cuatro criaturas humanas transitan por la vida con dolor y, aunque no pueden ser consideradas contestatarias, es claro que son productos residuales de un sistema que las segrega y las precipita a la tragedia.

Réquiem para un sueño, en cuyo reparto sobresale la magistral Ellen Burtyn con otra interpretación de antología, posee una escritura oscura y de trazo surrealista, que nos convoca a reflexionar en torno a las incertidumbres, la crisis de valores, la soledad, la marginalidad y la violencia.

Merece verse, por la aureola cotidiana que rodea a sus personajes, la profundidad de su abordaje, el fuerte realismo de sus paisajes humanos y el vitriólico acento crítico con el que se observan las conductas sociales.

 

REQUIEM PARA UN SUEÑO. Estados Unidos 2000. Dirección: Darren Aronofsky. Reparto: Ellen Burstyn, Jared Leto, Marlon Wayans y Jennifer Connely. Duracción: 111 minutos. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje