RICARDO MONTANER EN EL TEATRO DE VERANO

Con sabor a poco

El cantante salió a escena cuarenta minutos después de lo anunciado, luego de que sus fanáticas gritaran «Ricardo, Ricardo» durante varios minutos. Los reclamos se mezclaron en muchos instantes con una ola gigantesca en las tribunas.

Una bailarina tocando el tambor precedió al baladista en su salida al escenario, donde presentó «Sueño repetido», su último trabajo discográfico. Montaner comenzó el show vistiendo de impecable negro (pantalón, chaqueta larga y botas) y cantando «Corazón fracturado».

«Este va a ser el recital más largo del continente y los músicos se van a esforzar más que en los demás recitales», irornizó Montaner, para admitir más tarde: «Hay cantantes que también mienten». «Uruguay al mundial», «Arriba Uruguay», exclamó varias veces para enardecer a la platea, de mayoría femenina.

«Tomé por asalto el baúl de los recuerdos, yo siempre guardé recuerdos lindos y tomé un papel amarillento, leí y exclamé: ¡Qué buena letra Dios mío, qué maravilla de letra… Y descubrí que el autor no era yo, que bueno, que no es mía, es de Juan Carlos Pérez, pero para que fuera totalmente perfecta tendría que llevar mi nombre», fue el largo prólogo de «A dónde va el amor». Montaner tenía ganas de hablar, y repitió el monólogo en varias oportunidades antes de cantar temas muy conocidos.

«La clave del amor» tal vez haya sido el tema de la introducción más extraña. «Esta canción no la conoce nadie, sólo la mujer de Chávez (Hugo, el presidente venezolano). Por eso se separaron». Dejó que el público cantara las últimas estrofas y terminó la primera parte del show.

«Mostaza»

Montaner volvió con nueva vestimenta, camisa blanca, pantalón negro y championes blancos, rojos y azules. Sobre el escenario ya estaba una pareja de bailarines que hacía mover al público cuando el intérprete se sumó tocando el tambor para cantar «Cachita» y «Vamo pa’ la Conga».

«Hoy es una noche muy especial para cada uno de nosotros», explicó luego. «Uno no paga una entrada para ver sólo a un tipo cantar, cada uno de nosotros se va a llevar para su casa una semilla de mostaza», añadió ante la sorpresa del auditorio.

«Cuando me levanté hoy y dejé el agua correr, miré mi trayectoria, me puse mi blue jeans, puse las manos en los bolsillos y no había nada, estaban vacíos. Pero Jesús, había cargado mis bolsillos con semillas de mostaza para entregarle a cada uno de ustedes», narró el cantante con tono «pastoral», antes de que empezaran a escucharse las primeras notas de «El poder de tu amor», de su último disco. Después, el turno fue para un viejo éxito, «Castillo azul».

«¿Cuál quieren escuchar?», preguntó luego. Entonces se escuchó «Cuando nacen amores», y empezó uno de los momentos más emotivos de la noche.

El tema fue dedicado a María Pía, una chica discapacitada que asiste siempre a sus presentaciones en Uruguay. Al principio del concierto le había dado las gracias por estar allí: «A mi fan núnero uno en Uruguay». Antes de terminar la canción, bajó a la platea y se sacó fotos. Los últimos temas fueron «Soy tuyo», «Onda» y «Me va a extrañar». La gente pidió bises, pero no volvió.

El marco del espectáculo, que terminó pocos minutos después de la medianoche, fue el de siempre. Banderas, muñecos de peluche, gritos histéricos, llantos. Las novedades, al igual que las canciones de «Sueño repetido», fueron pocas. Y quedó un sabor a poco. *

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