Héctor Solari, regreso con fuerza

NDM

 

Formado en la Facultad de Arquitectura y en el taller de Guillermo Fernández , reside desde 1987 en Europa y a partir de 1997 en Bamberg, República Federal de Alemania. Como otros talentos emigrados (Rimer Cardillo, Luis Camnitzer, Carlos Capelán, José Gamarra, Carlos Grippo, Carlo Maggi) visita regularmente Uruguay para mantener contacto con sus orígenes y mostrar la producción reciente. Con la actual exposición se sitúa en la primera línea de creadores nacionales, en un terreno no muy frecuentado y, como sucede con el video, de escasa originalidad.

Catástrofes II integra una propuesta de mayor amplitud que se desenvuelve alrededor de una idea surgida y concretizada en 1999. Interesado en ciertos puntos cruciales de la historia del siglo XX buscó viejas fotos en diferentes ciudades, posteriormente digitalizadas e intervenidas, transferidas a planchas de acero de buen tamaño (200×100 cm.) para incursionar en la derrota de la ideología humanista burguesa que terminó con la Primera Guerra Mundial, imborrablemente captada (en grabado, en pintura) por Otto Dix, para luego tematizar acerca del sentido identitario alemán luego del holocausto y la Segunda Guerra Mundial, según la óptica de un extranjero y, más tarde aún, con el mismo procedimiento técnico, una serie sobre la ceguera (Recuerdos) y Montevideo se quema. Las obras de Catástrofes I y Recuerdos denunciaban la violencia como una guerra permanente y ahora se agrega, en Catástrofes II, Montevideo se quema. Con los hechos en Nueva York y Washington, la demencial y cínica guerra en Afganistán, la obra de Héctor Solari adquiere una dimensión profética inesperada.

Con un refinadísimo y cuidado montaje, en el pequeño y agradable espacio del Centro Cultural Dodecá, Solari despliega tres recursos operativos complementarios e interrelacionados: un texto sobre un precioso atril, fotografías y un video que, en el día inaugural se proyectó en pantalla grande y que luego pasó a tamaño normal, perdiendo en ese pasaje buena parte de la envolvente sugestión inicial. Aún con esa limitación del soporte, el conjunto posee una enérgica unidad derivada de la íntima trabazón entre la palabra escrita, la fotografía (surcada de trazados reguladores de finas bandas de papel que acentúan y orientan la visión) y en especial el video, realizado con una cámara manual y enfocando fotografías, donde el talento de Solari extrae una dinámica cinematográfica de expresividad contundente. Hay un timing calculado al máximo en el montaje y la ascética y emocionante propuesta golpea al receptor con secuencias lentas de impactante efecto.

Las imágenes registradas de un Montevideo arrasado por las llamas se asocian a los candorosos grabados de la invasión inglesa ejecutados por los artistas viajeros del siglo XIX (al mismo tiempo, con el actual vandalismo de Tres Cruces, el salvajismo con los australianos en el aeropuerto de Carrasco y los reiterados desmanes de las barras bravas del futbol en los estadios) y conducen a actualizar la pertinencia de la obra. Que se mantiene, más allá de circunstanciales acontecimientos, por la universalidad de su contenido. Curiosamente, estos trabajos de Héctor Solari se adecuan a La Ciudad Utópica, uno de los importantes temas de la próxima Bienal de San Pablo a inaugurarse a fines de marzo de 2002. *

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