"TELARAÑA", DE LEE TAMAHORI, UN FILME POLICIAL CIENTIFICO DE VUELO CORTO

El más allá de lo empírico

Todo lo intrincado que se puede suponer el relato de acuerdo a su título, se disipa con el paso del metraje. Morgan Freeman encabeza un elenco en el que también participan Monica Potter, Michael Wincott y Dylan Baker. Una vez más, Morgan Freeman consagrándose a un personaje (el detective especial Dr. Cross) que posee ese tacto y ese olfato que lo hacen un individuo que ve y va más allá de lo puramente empírico y que, en consecuencia, en términos de criminología, puede expandir lo que podría calificarse de «mirada científica» alrededor del delito.

Aquí el personaje de Freeman, que se parece en su forma de andar y en el modo de expandir gestos y pausas, comentarios agudos una vez en la escena del crimen o en este caso del rapto (el de la pequeña hija de un congresista estadounidense) al de «Pecados capitales» y al de «Besos que matan», se está recuperando de un revés y en este caso de connotaciones internacionales, y tiene la posibilidad personal de reivindicarse y volver a su verdadero ser y estar.

Es el típico intelectual que ha escrito libros sobre criminología y sobre diversos patrones de conducta de asesinos seriales y, desde luego, su reputación, alcanza incluso a los boys scouts del Servicio Secreto con asiento en Washington. Un rapto (que puede llevar a otro target, en definitivas), el FBI y el Servicio Secreto burlado: el veterano se alista –por convocatoria del secuestrador encarnado con destreza por Michael Wincott– en la carrera a contrarreloj y, para ello, alista a Mónica Potter (una de las agentes que custodió ese high school vip de donde raptaron a la chica eludiendo todos los sistemas de seguridad) para ir tras la presa. No hay mucho más o, tal vez para sorpresa del espectador, un hilado de desarrollo anecdótico que irá tejiendo su telaraña, esas ramificaciones que potenciarán la acción dramática y la graduación de suspenso. Lee Tamahori, desde que llegó a Hollywood, parece haber olvidado todo aquello que había enviado desde Nueva Zelandia en calidad de largometraje.

Tentado por el sistema industrial hollywoodense alcanzó a rodar un correcto ensayo en torno a conducta en posición límite (un largo protagonizado por Anthony Hopkins y Alec Baldwin) y ahora insiste en disparar todas sus virtudes en un filme como Telaraña con el que no hará historia.

Por supuesto que maneja al elenco con solvencia, y que construirá climas intensos con momentos sobrecogedores, pero la idea de caja china, de apariencias que engañan se vuelven harto previsibles, acaso porque Tamahori decide recorrer todas las convenciones del thriller psicológico con inevitable vuelta de tuerca hacia el epílogo, algo que la inteligencia y la intuición de Freeman/Cross no dejarán pasar por alto. Para todo lo que puede brindar un cineasta de las capacidades potenciales de Lee Tamahori, el filme resulta menor y, si se quiere, y después de ver tantas historias parecidas, tan previsible como descartable, pese a los esfuerzos del elenco, aunque ya es hora de que el negro Freeman elija otra calidad de personajes. El neocelandés podría haber arriesgado más en la hechura de la telaraña. El clima noir que asoma, en minutos se disipa.

Tamahori, un humilde consejo: hora de autocrítica. *

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