Fantasmas en la Guerra Civil Española
La historia central muestra un orfanato, situado en una zona desértica de la campiña española, donde se refugian los hijos de los soldados la resistencia republicana en plena guerra civil española. Hasta ahí llega un nuevo niño –que desconoce la muerte de su padre– y es abandonado sin previo aviso por los adultos que lo conducen al lugar. A partir de aquí, la narración se tuerce por carriles menos realistas dejando al descubierto algún espectro que clama venganza y otros secretos inconfesables que entrecruzan los destinos de un guardián autoritario, la directora del centro y un particular profesor importado del Río de la Plata (Federico Luppi, por supuesto).
El filme, que prácticamente funciona a nivel de unidad de lugar con una cámara que merodea los recovecos de ese palacete decadente, logra intensidades varias gracias al extraño talento que posee Del Toro para recrear atmósferas que oscilan entre la realidad, lo onírico y la vigilia. Esas tensiones a punto de detonar y los miedos a flor de piel son, además, potenciadas por transgresiones impensables en el esquema clásico del terror hollywoodense. Y esta desacomodadora vuelta de tuerca es –quizás– la carta que mejor juega el realizador. Una ruptura que destroza posibles certezas de salvación, a pesar de las marcadas diferencias entre el bien y el mal, mientras hace sucumbir impiadosamente a sus criaturas. Posible mirada cruel (¿o realista?) de una jungla humana, El espinazo del diablo no resulta benevolente para con sus personajes pero sí elabora un microuniverso pleno de tonalidades estilísticas y altamente sugerente como propuesta cinematográfica. Quienes logren desbloquearse de tradiciones simplificadas podrán –a lo mejor– apreciar un ajustado libreto de diálogos casi cortados a hachazos, guión elaborado por el propio realizador, junto a Antonio Trasorras y David Muñoz, que da el tono justo para elaborar esta fábula sombría. Un relato de horror que no desestima apariciones fantasmales y revanchas de ultratumba al mejor estilo de los cuentos sobre ogros que devoran niños en casonas encantadas.
Una propuesta peculiar –en definitiva– donde, a nivel de actuación, sobresale la venerable Marisa Paredes junto a Federico Luppi y Eduardo Noriega, para poner ese especial toque de creíble distinción en una historia de fantasmas contada a plena luz del día. Vale. *
El espinazo del diablo. Dirigida por Guillermo del Toro. Escrita por Guillermo del Toro, Antonio Trasorras y David Muñoz. Fotografía:Guillermo Navarro. Con Marisa Paredes, Federico Luppi y Eduardo Noriega.
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