Guambia con la homofonía
«La SCJ chilena resolverá si el general Augusto Pinochet es definitivamente calificado como insano o se lo puede encauzar judicialmente».
La única posibilidad de encauzar (así, con zeta) a Pinochet (aunque un poco tarde) sería conducirlo por la buena senda e intentar una imposible rectificación de su conducta. Porque encauzar, tal como se escribió, significa «encerrar en un cauce una corriente o darle dirección por él»; y en sentido figurado, «encaminar, dirigir por buen camino un asunto, una discusión, etc.» Resulta obvio que el verbo proviene de ‘cauce’, que designa el lecho de ríos y arroyos, o un conducto por donde corren aguas para riego, o –en sentido figurado– modo, procedimiento o norma.
Parece claro que se debería haber escrito encausar (con ese), verbo que significa iniciar a alguien una causa judicial, y es lo que le ocurre al ex dictador. Este segundo verbo proviene de ‘causa’, vocablo que entre sus muchas acepciones significa litigio, pleito judicial, proceso criminal.
El problema se nos presenta a todos los hispanohablantes no castellanos, ya que nuestro sistema fonológico ha eliminado el sonido [z] característico en casi toda la península y que se representa por los grafemas z y c (este último antes de e y de i). Un español no andaluz (éstos también ignoran la diferencia entre s y z) jamás caería en esta confusión porque para él encausar y encauzar suenan al oído como dos palabras diferentes. Pero nosotros estamos jodidos: al no haber diferencia fónica, no tenemos más remedio que recordar la diferencia gráfica. Así que a partir de ahora, no más errores; diremos: El encausado declaró ante el juez, pero La protesta fue debidamente encauzada. ¿Está claro?
–Clarito, Mendieta. Y ahora, ¿qué le parece si encauzamos la grappa de los vasos hacia nuestras tripas?
–¡Qué lo parió! *
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