LIBROS

El furgón de los locos

HUGO ACEVEDO

 

Sin embargo, como la voluntad no siempre sucumbe ante la irracionalidad del terror, aún de este ominoso abismo puede emerger la rebeldía, la esperanza y la indispensable recreación de la utopía.

Durante once largos años, los uruguayos experimentamos el rigor de la tiranía que usurpó inescrupulosamente la soberanía popular. Muchos compatriotas padecieron incalificables humillaciones, siendo encarcelados en condiciones infrahumanas por el mero «pecado» de resistir a los conspiradores que, invocando la defensa de las instituciones, las arrasaron despiadadamente.

Hoy, a más de dieciséis años del epílogo de la noche dictatorial, Uruguay intenta restañar las heridas que no logró cerrar el silencio de la impunidad.

En «El furgón de los locos», el escritor uruguayo Carlos Liscano reconstruye minuciosamente su dolorosa experiencia de confinamiento durante trece años en las bastillas de la dictadura.

La obra – de sesgo naturalmente autobiográfico – es la descarnada crónica de uno de los miles de uruguayos que padecieron las más incalificables violaciones a los derechos humanos.

Procurando recuperar su mancillada identidad tras el infierno padecido y luego de un período de maduración y reflexión en torno a sus vivencias más dolorosas, el autor inicia el relato evocando su infancia junto a su familia.

Su memoria se retrotrae a la casa paterna y al nacimiento de su hermana. Por entonces, con apenas siete años de edad, el pequeño Carlos Liscano comenzaba a descubrir el mundo sin imaginar qué le depararía el destino.

Impregnando a su escritura de profunda pero gratificante nostalgia, el escritor va reconstruyendo su pasado, un ejercicio intelectual sin dudas indispensable para redescubrirse como ser humano luego de trece largos años perdidos tras lo muros y las rejas de la prisión.

Transitando raudamente por los sinuosos laberintos del tiempo, Liscano traslada al lector a mayo de 1972, cuando fue detenido por las fuerzas represivas que le escamotearon parte de su vida.

El autor trabaja febrilmente para organizar y reconstruir su azarosa peripecia individual, poblada de miles de imágenes que acuden a su memoria, algunas de ellas transformadas en oscuros fantasmas. Aunque las pesadillas son recurrentes, sigue adelante desafiando al horror y recreando la esperanza.

Sin situarse en el papel de víctima, el autor va describiendo minuciosamente el itinerario que debió transitar involuntariamente rumbo a un infierno real y despojado de toda eventual fantasía.

Contemplando la sensibilidad del lector, Liscano alterna su dolorosa experiencia de confinamiento con imágenes y recuerdos de su vida en libertad.

Narra la extraña sensación interior que le invadió cuando su liberación era inminente. Viajando a bordo del furgón que lo trasladaba a Montevideo y reintegraba a la vida, sus cavilaciones se tornaban más intensas.

Una interrogante le azotaba intensamente: ¿qué hacer después de tantos años de oscuridad en una sociedad a la que necesariamente debía readaptarse?

El autor recuerda que, mientras estaba preso, perdió a sus dos padres. Evoca el doloroso momento en que   tras una prolongada búsqueda   localizó finalmente la tumba de sus progenitores.

En ese crucial momento, experimentó reacciones encontradas: la soledad de la pérdida irreparable y la recuperación de parte de su jaqueada identidad, que yacía en esas dos urnas que viajaban junto a él a bordo de un vehículo.

Su exilio voluntario en Suecia tras recuperar la libertad, fue apenas un evasivo bálsamo. Para el autor-protagonista el desafío es y sigue siendo, suturar las heridas de su alma a partir de la recreación de las calamidades.

El escritor reencauza su relato hacia el drama, retornando imaginariamente a las oscuras y húmedas celdas donde, encapuchado, esposado, sucio y humillado, sufrió hasta la extenuación.

Describe las cotidianas sesiones de tortura, las sofisticadas técnicas de intimidación, los salvajes vejámenes y hasta la psicología de sus verdugos, a los que recuerda como hombres huraños, solitarios, insomnes y hasta huérfanos de afecto.

«El furgón de los locos» es un crudo testimonio de la barbarie humana que trasciende todo límite racional. El autor soslaya todo eufemismo, construyendo un relato de envase literario, que desnuda descarnadamente los abismos de la opresión y la prepotencia, pero también propone reflexionar en torno a la lealtad, el idealismo y la rebeldía. *

(Editorial Planeta)

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